Scioli es K

Parafraseando el hashtag que lanzó en la red social twitter un enojado Francisco de Narváez, quien apenas enterado de la confirmación de las listas del nuevo Frente Renovador de Sergio Massa trató de pegar al gobernador de Tigre con el kirchnerismo, Daniel Scioli efectivamente volvió al redil y la presidente Cristina Fernández puede estar satisfecha por ello. Atrás quedaron negociaciones, especulaciones, contactos y elucubraciones entre el gobernador y distintas fuerzas políticas no kirchneristas. Los intentos por convencer a medios y periodistas de que nunca estuvo en los planes de Scioli establecer una alianza con Massa o De Narváez insultan nuestra inteligencia. Está claro que lo que finalmente sucedió estaba dentro de las posibilidades, pero sin dudas no fue lo único que se barajó y mucho menos de la forma en que sucedió, sin que siquiera pudiera poner a alguien de los suyos en las listas del Frente para la Victoria. En definitiva, no pudo dar la lucha interna para que no le llenen de “Mariottos” la provincia.

En esta ocasión, el tiempo y su carácter dialoguista le jugaron una mala pasada. A pesar de ser una persona muy estable en sus relaciones interpersonales, no es fácil entrar en la cabeza del gobernador de Buenos Aires. Si me permiten una hipótesis, creo que él apostó a un “chupamedismo” desembozado para mantener en pie la provincia contando para eso con los recursos de la Nación y esperando que esto le permita montarse sobre su gestión como plataforma electoral para el 2015. Es decir, aquí él analiza que estando a los pies, el kirchnerismo no lo va aplastar. Evidentemente, y después de tantos años, aún no conoce la esencia de Cristina.

Por estos días no se conocieron expresiones de los ministros del gabinete de Scioli, quienes suelen defenderlo de los embates del siempre bien dispuesto al trabajo sucio Gabriel Mariotto y de otras espadas K, pero imagino que no estarán muy conformes con la situación. Ni hablar de las agrupaciones sciolistas como La Juan Domingo y DOS que quedaron al margen del armado de listas y por ende de la contienda electoral en pos de un futuro, que es en realidad, absolutamente incierto.

Otro posible análisis de la particular situación podría pasar porque el ex motonauta quiera transformarse definitivamente en un sucesor confiable para Cristina Kirchner, especulando con que finalmente la primera mandataria no pueda presentarse a un tercer período. No se da cuenta de que nunca va a ser confiable al interior del kirchnerismo y que, de esta forma, cada vez se aleja más de serlo también para el peronismo no kirchnerista, quien lo va a terminar reemplazando por el siempre sonriente Sergio Massa. La presidente Cristina Fernández de Kirchner no busca un sucesor sino un sometido y por lo tanto, podría aspirar con suerte a recibir un apoyo similar al que Carlos Menem le dio a Eduardo Duhalde en las elecciones presidenciales de 1999.

Ahora bien, a pesar de las acciones por las cuales pide que lo juzguen, las frases de Daniel Scioli de los últimos días son bastante poco amables con el kirchnerismo. Cuando sostiene que si estuvo en los buenos tiempos del gobierno también va a estar en los malos, no deja demasiado bien parado el ensalzamiento de la realidad argentina que el oficialismo hace cada vez que puede. Lo mismo sucede cuando menciona que pensó en los bonaerenses y en no tener sobresaltos en la gestión o cuando dice que lo que pretende es que la provincia “no sufra…no cruja”; esto deja absolutamente claro que el gobierno nacional extorsiona a gobernadores e intendentes para otorgarles recursos y obras.

De cara a las elecciones de este año había solamente un lugar para un oficialista renegado y ese lugar lo ocupó el intendente de Tigre. Scioli no supo qué hacer con esa postulación y no tuvo capacidad de reacción. En caso de que Massa obtenga buenos resultados, algo altamente probable de acuerdo a las encuestas que miden la imagen de los candidatos, las agrupaciones y políticos que hoy apoyan al gobernador bonaerense (y algunos kirchneristas también) van a pegar el salto sin dudarlo.

En definitiva, podemos decir que Massa logró revivir y reinventar, aunque sea durante la campaña, la relación entre Cristina y Scioli, pero eso tuvo un solo beneficiario: él mismo.

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El suicidio político de CFK

El kirchnerismo tiene una obsesión con Daniel Scioli. Creo que en muchos de los militantes de Néstor y Cristina exaspera su personalidad. Recordemos que estos militantes, entre los cuales también tenemos que contar a funcionarios, legisladores y algunos intendentes y gobernadores, han tomado un perfil similar al de sus mentores: actitud combativa, redoblar la apuesta, no dialogar nunca, ficcionar la realidad, un alto componente ideológico, un etnocentrismo flagrante y un ego exacerbado. Contra todo esto, el gobernador Scioli ha conservado un perfil ligado a la gestión (bien o mal ejecutada según quien lo analice), desideologizado, con permanentes contactos con fuerzas de la oposición, dialoguista, con respeto por las instituciones, sin enfrentamientos con la prensa y con una mirada abierta al mundo.

A todas estas diferencias que siempre existieron, y dejando al margen que el gobernador ha acompañado este proyecto político (llamarle “modelo” es un exceso de generosidad) desde sus inicios, ahora se suma su indefinición para las próximas elecciones y el perfil más combativo adoptado por sus funcionarios y políticos más cercanos. La creación de la agrupación “La Juan Domingo”, casi una burla a La Cámpora, con dirigentes que promueven desembozadamente la candidatura a presidente del ex motonauta para el 2015 y que no se someten a los lineamientos políticos de la presidente (más allá de que en su sitio web dicen apoyar el  “Proyecto Nacional y Popular que lidera Cristina Fernández de Kirchner en la Nación y Daniel Scioli en la provincia de Buenos Aires”) es un desafío mayor. Da la sensación de que el gobernador ya no va a aceptar que el armado de las listas de su provincia quede bajo exclusivo arbitrio de la presidente y esto es poco menos que pasarse al enemigo en la lógica de Cristina (oposición es una palabra demasiado light para el kirchnerismo).

Al problema “Scioli” se le ha sumado uno aún peor que se llama Sergio Massa. El político argentino con mayor porcentaje de imagen positiva es también una incógnita a develarse en las próximas horas. Quien fue jefe de gabinete de Cristina y ahora está refugiado en la intendencia de Tigre cosecha amplio consenso entre la población basado en un alto perfil de gestión (y farandulero también) y un bajísimo perfil político-ideológico. Como hábil estratega, tiene contactos con todo el arco político y es así como mantiene la incertidumbre sobre sus próximos pasos. También cuenta con cierta facilidad para cubrir sus flancos, algo que, como gobernador de una provincia compleja como ninguna, Scioli no puede hacer. Bajo estas circunstancias y contando con recursos propios suficientes, le resulta mucho más difícil al kirchnerismo la embestida contra el intendente de Tigre.

Esta situación y la posible alianza entre ambos ha puesto nerviosos a todos en el oficialismo. En primer lugar, la presidenta fue particularmente enfática en las críticas al gobernador, a quien tenía sentado al lado durante un acto el pasado 30 de Mayo en Lomas de Zamora y, sin nombrarlo, lo responsabilizó por la inseguridad, por no hacerse cargo de los problemas, por tomarla a ella por idiota y por tener protección de los medios de comunicación “corporativos”. A su mensaje se sumó el desafío “a que se defina” del senador Aníbal Fernández, el insulto del ministro Julio De Vido y la visión escatológico religiosa del presidente de la Cámara de Diputados de la Nación Julián Domínguez.

En este pánico por el que atraviesa el kirchnerismo hay motivaciones racionales y también emocionales. La presidente sabe que si no es ella quien designe a todos los candidatos que van a integrar las listas, el poder va a quedar más difuminado entre diferentes núcleos y que además el desgaste propio de la larga gestión, sumado a la imposibilidad de reelección, van a tornar dificultosa la segunda parte de su mandato (pato rengo). Sabe además que la lealtad absoluta sólo puede aspirar a obtenerla en La Cámpora; pero esta agrupación, que ha logrado extenderse rápidamente por todo el país, encuentra resistencia dentro de quienes detentan el poder territorial en cada distrito. Como en toda organización política, La Cámpora tiene miembros convencidos del proyecto y otros que están por interés, pero todos juran lealtad por su jefa política. En cambio, los intendentes y gobernadores no tienen ningún tipo de convicción política respecto al proyecto, para ellos todo se resume a dinero (aquí referido específicamente como el necesario para poder gestionar el territorio propio) y poder.

Pero qué es lo que piensa de todo esto el siempre esquivo Daniel Scioli? A falta de definiciones políticas por parte del gobernador, podemos tomarnos de algunas definiciones dadas por su esposa Karina Rabollini en el hilarante segmento de ping-pong dentro del inclasificable programa de América que conduce por la noche Santiago del Moro. Allí por ejemplo, prefirió al jefe de gobierno Mauricio Macri en oposición al senador Aníbal Fernández; optó por el presidente uruguayo, quien recordamos trató de “terca” a Cristina, en detrimento de su par venezolano Nicolás Maduro y, cuando requirieron su opinión sobre la presidente, se limitó a un lacónico y sugerente “a mi siempre me trató bien”.

¿Quién analiza toda esta situación dentro del poder nacional y cómo se deciden las acciones a ejecutar? Ya habíamos visto en una columna anterior, la manera en que se fue modificando la composición del gabinete de Cristina y cómo fue reemplazando capacidad por obediencia. Eso también fue generando una reducción del círculo que en todo gobierno toma las decisiones más importantes, sean estas de política agonal o arquitectónica. Hoy, la mayor parte de esas decisiones pasan por la congestionada cabeza de la presidente y tal vez en esto reside el embate contra ambos políticos. Claro está que, como mucho, la presidente puede aspirar a una abstención de Massa respecto a estas elecciones y a compartir el armado de las listas con Scioli, algo que parece no estar dispuesta a hacer. Pelearse con los dos políticos con mejor imagen del país y siendo ambos parte de la provincia que agrupa al 40% de los electores no parece una sabia decisión. Incluso pensando en cualquier estrategia futura para conservar el poder o alguna cuota de él, no resulta una buena elección.

Finalmente, hay aquí algunas preguntas relacionadas a estos temas cuyas respuestas no abordaré en estas líneas pero que me gustaría dejar planteadas: con casi el 70% de la gente buscando una alternativa al gobierno nacional, da la sensación que un acuerdo entre Massa, Scioli, De Narváez y Macri sería imbatible, pero es esto posible? La otra cuestión que queda flotando es lo mucho que los argentinos estamos apegados al peronismo. Tal vez sea esa sensación de que no importa la inclinación ideológica que el justicialismo del momento decida impregnarle al movimiento sino ese plus de gobernabilidad que en otros sectores queda siempre en discusión lo que siempre inclina el fiel de la balanza a su favor.

Se inundó la Ciudad y flotaron los soretes

ImagenMás de 150 milímetros de agua caídos en la Ciudad de Buenos Aires y más de 300 en La Plata trajeron consecuencias trágicas para los habitantes de las zonas inundadas pero también otro tipo de situaciones no menos trágicas afloraron. Lamentablemente, y como viene sucediendo desde hace mucho tiempo, las tragedias se politizan (lo cual no estaría mal desde un aspecto) de una forma poco conveniente para los ciudadanos.

Las primeras consecuencias del temporal se vivieron en la Ciudad de Buenos Aires y fueron las que motivaron algunas miserias muy notorias. Se podían ver en los canales colonizados por el kircherismo (casi todos los canales de noticias y de aire) un apresuramiento por cubrir de tierra (aparte del agua que ya lo tapaba) al jefe de gobierno porteño Mauricio Macri. El principal foco de la crítica residía en que la tormenta lo encontraba de vacaciones (“como siempre”, agregaban) en Brasil. Tanto énfasis pusieron en ese tema y en las obras no realizadas (donde la principal cuota de responsabilidad corresponde al gobierno nacional que no le permitía endeudarse para el entubamiento del arroyo Vega) que se olvidaron de las genuinas responsabilidades que le caben al gobierno de la ciudad en las consecuencias que trajo la inundación. 

A modo de resumen de los errores cometidos por el gobierno porteño se me ocurren: falta de previsión (aunque el Servicio Meteorológico Nacional tiene su cuota parte de culpa en esto); un déficit constante en el manejo de la basura (da la sensación de que no le encuentran la vuelta a este tema); la falta de capacitación a la población para actuar bajo estas circunstancias; la falta de equipamiento de apoyo (grúas, gomones, bombas de extracción, etc.) y, sobre todo, la necesidad de incrementar el personal que pueda actuar en estas circunstancias. Claramente las 600 personas afectadas al trabajo no resultaban suficientes para tamaña magnitud de inundación.

Siendo así, hay que estar más y mejor preparados para estas situaciones. Una opción sería tener un equipo de “reservistas” entrenados para ser desplegados en estas circunstancias; otra opción sería capacitar a miembros de otras áreas de la administración porteña para que puedan intervenir bajo ciertas circunstancias y darles el marco legal para hacerlo. Por mi parte, comprendo el argumento del gobierno de la ciudad de que la solución de fondo para estas inundaciones pasa por el entubamiento del arroyo Vega y también del Medrano, pero disiento en que no pueden hacerse más cosas en el “mientras tanto”.

La segunda etapa de la tragedia en el fin de semana pascual y de Malvinas estuvo en La Plata. Las intenciones del kirchnerismo de usufructuar la tragedia porteña quedaron en evidencia cuando el ex piquetero Luis D`elia minimizó lo que sucedía en la ciudad de las diagonales interpretando que se trataba de una operación para encubrir a Macri de parte de los medios de la “opo” (TN básicamente, siendo casi el único canal que no es kirchnerista actualmente). Hay que decir que al ver la magnitud de lo sucedido, el líder del partido Miles, utilizó la misma red social de la declaración inicial (twitter) para disculparse.

Creo que lo sucedido en La Plata resultó un baño de humildad para el gobierno nacional. Les hizo ver que no servía “escupir al cielo” y que ahora la tragedia se encontraba en los pagos de un gobernador y un intendente propios (al menos por ahora), además de ser los pagos de origen de la propia presidente. Tampoco hay que olvidarse que cuando estas cosas suceden en una provincia en la cual la presidente suele hacer anuncios que muestran un país muy parecido a Disneylandia, la propia gente la suele hacer responsable también de los fracasos que allí se suceden. Esta situación también logró que CFK bajara de su helicóptero a un ambiente no tan amable como suelen ser los que frecuenta y se sometiera allí a las broncas de los vecinos.

Párrafo aparte merece la actitud de la sociedad civil que salió a enfrentar con recursos propios los vaivenes de la situación y se mostró tan generosa y solidaria como siempre. Para otro post quedará el análisis de si los argentinos somos más solidarios que respetuosos y responsables, y cómo esta característica afecta nuestra dinámica social.

En resumen, no se le puede pedir a un político que no haga política pero sí podemos pedirles que en ciertas ocasiones deben dejar un poquito de costado el cinismo y la hipocresía y aceptar que las decisiones que se tomaron para “ahogar” al rival de turno también pueden afectar negativamente a la sociedad a la que supuestamente se pretende beneficiar.