La “represión” en la era K

El gobierno venezolano de Nicolás Maduro ingresó en una nueva fase. Luego de que su antecesor y mentor Hugo Chávez Frías haya nacionalizado empresas, estatizado y cooptado medios de comunicación, creado brigadas parapoliciales, comprado apoyos externos, reformado el sistema electoral para incrementar su poder territorial, recortado funciones de autoridades electas y demás atropellos sobre instituciones claves para una república, ahora él tuvo que optar por la represión directa para acallar las protestas de los opositores que en las calles de varias ciudades del país reclaman tanto por la falta de insumos básicos, la inflación, la inseguridad y la falta de libertades como también por las crecientes sospechas y confirmaciones respecto del fraude que embarró las elecciones del 14 de Abril pasado y que todos los días suma evidencias.

Qué ocurre y qué podría ocurrir en nuestro país? En el libro Otra grieta en la pared de Fernando Ruiz y con prólogo del reconocido Robert Cox, se hace referencia al movimiento de la nueva prensa cubana que a comienzos de este siglo emergía con fuerza en la isla caribeña y que la represión y encarcelamiento de decenas de activistas en la primavera del 2003 por parte del gobierno de Fidel Castro quiso detener. El sugestivo título de aquel libro sobre la realidad cubana del momento puede aplicarse a nuestra actualidad, cuando los problemas acechan al gobierno en varios frentes y cuando la única solución que se encuentra a esto es acelerar aún más los procesos que nos pusieron ante esta situación.

En tiempos en que la inflación carcome los salarios, la inseguridad pone en riesgo la integridad de las personas, las denuncias de corrupción se muestran a plena luz, el desempleo está en aumento (incluso para el INDEC), la pobreza cuesta ocultarla y el crecimiento se ha desplomado, es bueno preguntarse hasta dónde está dispuesto a llegar el kirchnerismo para frenar el creciente descontento social.

Hasta el momento, las estrategias han sido nutridas y variadas. Por el lado de la prensa han usado distintos recursos: disciplinamiento a través de un manejo arbitrario de la pauta oficial; aprietes a periodistas mediante llamados directos, inspecciones de la AFIP, y negándoles el acceso a la información; creación de un gigantesco grupo de medios que reproduce fielmente lo que el kirchnerismo propone al estilo de quien la periodista Silvia Mercado llama “el inventor del peronismo” (sobre la vida y obra de Raúl Apold), el intento de ahogo económico a través del apriete sobre anunciantes, presiones sobre Papel Prensa y la posible intervención sobre el grupo Clarín a través de una politizada Comisión Nacional de Valores. Por el lado de los agentes económicos están las clásicas directivas del Secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno con su famosa “escuelita de empresarios” como emblema, las restricciones a las importaciones, los controles de precios, las intervenciones en distintos mercados, las multas aplicadas a las consultoras que miden la inflación (hoy frenadas por la justicia), el uso político de la AFIP, etc. Por último, los intentos permanentes por controlar la justicia a través de operadores y, más recientemente pero con resultado aún incierto, con las leyes que pretenden reformarla dándole un poder disciplinador a la autoridad política. Todo esto forma parte de un modo más sofisticado de represión o, si se quiere, moldeado interno.

En definitiva, todas estas son medidas que tienden a recortar aquellas características poliárquicas (en términos del profesor norteamericano Róbert Dahl) para darle paso a las características populistas de la democracia, cuya defensa acérrima está dada por el intelectual argentino residente en Gran Bretaña Ernesto Laclau y que tiene gran influencia sobre las ideas de la presidente Cristina Fernández de Kirchner. Hay que tener presente que el kirchnerismo siempre se ha jactado de no criminalizar la protesta social. Bajo ese contexto puede entenderse que los caceroleros hayan (hayamos sería correcto decir porque fui parte) podido llegar hasta las puertas del Congreso Nacional el #18A sin que medie resistencia por parte de la fuerza pública.

En este sentido y pensando en el futuro próximo, habría que preguntarle al profesor Laclau si para la conservación del modelo nacional y popular que él defiende intelectualmente, aparte de la reforma constitucional para un reelección indefinida, necesita cierto grado de violencia estatal que “ponga en vereda” a los sectores acomodados y golpistas que pretenden desestabilizar el modelo a través de marchas y cacerolazos que podrían dañar los oídos de la líder inmaculada.