“Los aranceles,…

“Los aranceles, las cuotas y las demás restricciones a la importación protegen el negocio de los ricos a costa de mayores costes de vida para los pobres. Su propósito es el de desposeerle del derecho a escoger y obligarle a comprar los productos inferiores y caros de compañías favorecidas políticamente”
Alan Burris

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Proteccionismo vs. librecambismo (o la síntesis K)

ImagenLa discusión proteccionismo vs. librecambismo se  remonta varios siglos atrás y si bien, en mi modesta opinión, tiene muchas más ventajas este último, no es esto lo que me lleva a escribir estas líneas.

A modo de introducción vale recopilar algunos de los argumentos de ambas vertientes. Por el lado de aquellos que defienden el proteccionismo (aunque es difícil que usen ese nombre para autodefinirse) aparece fundamentalmente la idea de fomentar el trabajo nacional, la industrialización del país, proteger el empleo, fomentar la diversificación y hasta proteger la soberanía nacional. Por el lado de aquellos que defienden el librecambismo, los argumentos para optar por éste son el fomento a la competitividad, la mejor división internacional del trabajo, el aprovechamiento de los recursos escasos, la mayor productividad y el abaratamiento de costos.

A pesar de que pocas veces se utiliza una argumentación moral en la defensa del libre comercio, creo que esta es la más importante. La libre circulación de bienes y servicios es un elemento central de la libertad individual tan vociferada por muchos pero tan poco respetada por otros. El hecho de no depender de la buena voluntad de un burócrata o, en el mejor de los casos, de un grupo de legisladores que deciden qué, dónde, cómo y por cuánto uno debe adquirir un producto o servicio, y dejan afuera la libre voluntad y disponibilidad de las partes involucradas en la transacción resultaría por demás estimulante.

Ahora bien, el nudo central de este artículo pasa por la novedosa modificación kirchnerista de esta vieja disputa. Si bien creo que se sienten mucho más cómodos en el proteccionismo que en el libre mercado, las variantes incorporadas al primero son realmente novedosas (y muy nocivas por cierto). Creo que han llevado al extremo el voluntarismo al querer controlar este flujo de importaciones y exportaciones a través de la Secretaría de Comercio con el mando rígido de su líder (no puede llamárselo de otra manera) Guillermo Moreno y sus operadores numerados. Los discursos presidenciales también hacen su aporte a este arbitrario manejo, al amenazar por ejemplo con abrir importaciones de ciertos productos si los empresarios no “se portan bien” y mantienen congelados sus precios. 

Podría quedar la sensación de que uno cargara sobre los funcionarios del actual gobierno nacional la incapacidad de controlar las variables de la economía pero lo cierto es que no hay persona ni grupo que pueda organizar adecuadamente las millones de decisiones que mueven el comercio nacional e internacional. No me quedan dudas que el secretario de comercio dedica larguísimas jornadas de trabajo, con carpetas y datos para lograr lo imposible pero, para decirlo claramente, su esfuerzo no sólo es en vano sino que también es nocivo; digo más, creo que sería muy bueno para el país abonarles puntualmente el sueldo a él y sus colaboradores pero para que se queden en su casa. Cada mercado en el que intervino produjo una crisis posterior mucho más severa que lo que pretendía corregir. 

Yendo al marco legal que un país debe propiciar y sin mostrar preferencias por una u otra concepción del comercio mundial; a alguien puede parecerle razonable que un inversor, empresario, fabricante, importador, exportador o comerciante tenga que planificar sus inversiones o su trabajo en base al último discurso del presidente o al último capricho de un secretario? Ni el más acérrimo defensor del proteccionismo va a ver con buenos ojos este tipo de “políticas” y de hecho no lo hacen.

Habiendo tenido a lo largo de nuestra historia política, económica y social tantos vaivenes, ya no me preocupa demasiado cuál será el próximo plan económico-político que este o cualquier otro gobierno pueda intentar ejecutar, sólo pido una cosa: que sea serio y consistente. Es cierto, a veces alguno de mis hijos me pide que juegue al fútbol como Messi…