Massa: aspiradora y radiador

Cristina Fernández de Kirchner eligió a Sergio Massa como principal contendiente para estas elecciones y puso al intendente de Tigre en el lugar correcto del mostrador sin que él tuviera que hacer mayor esfuerzo. Según las palabras de los estrategas de la campaña kirchnerista, lo que se buscaba con esto era evitar la confusión de los propios; lo que logró fue aglutinar a los extraños.

La cadena no se le soltó a Massa en ningún momento de la campaña (sí le sucedió a su esposa Malena). Podríamos decir que, como aquel paso que mis hijos ejecutan en los cumpleaños infantiles, el intendente de Tigre logró mantenerse “bailando en su cuadrado” y bajo los términos que se había planteado (pareciéndose en algunos momentos de manera peligrosa al discurso zen de Daniel Scioli).

En el inicio de esta semana, con los resultados de las PASO ya confirmados y miras a la elección de octubre, Sergio Massa ha dado ya indicios de no querer detener lo que hace poco comenzó con su flamante Frente Renovador. Reuniones cargadas de política y peronismo van a signar su agenda. Su figura se va a transformar poco a poco en una aspiradora que recluta dirigentes desencantados con el gobierno nacional y que buscan una alternativa dentro del laxo movimiento nacional justicialista. También, a modo de radiador, se le van a pegar algunos “bichos” que poco tienen para aportarle pero que luchan por recuperar la vieja gloria. Con algunos de ellos, el intendente de Tigre tiene una relación afectiva y difícilmente pueda rechazarlos, pero seguramente buscará la forma de ponerlos en un lugar donde no pegue mucho el sol de la opinión pública.

Piraña: “Nombre común de ciertos peces carnívoros sudamericanos, pertenecientes al género Serrasalmus, con la cabeza ancha, las mandíbulas cortas y poderosas y con dientes triangulares y afilados como hojas de afeitar. Nadan en bancos y se alimentan de peces más pequeños y, a veces, de presas mayores.” Como este pez con gran capacidad de olfato y especial interés en la sangre, da la sensación que dirigentes peronistas de la talla de intendentes y gobernadores van ahora por la presa mayor (la presidente CFK), a quien ven debilitada.

No era muy difícil anticiparlo y efectivamente el oficialismo nacional, junto con los medios que hacen de propaladores de su discurso, intentó minimizar la derrota. ¿La forma que encontraron para hacerlo? Enfocarse en que a nivel nacional son la primera fuerza y que no perderán bancas en la cámara de diputados. Muy poco para una fuerza que pavoneaba su 54%. También Carlos Menem, antes de bajarse del ballottage en el 2003, era la primera minoría, pero con más de un 70% de la ciudadanía en contra, decidió bajar su candidatura y no enfrentar a Néstor Kirchner.

El problema que se le presenta a la presidente Cristina Fernández ahora es cómo mantener unida la tropa. Está claro que hay algunos políticos muy identificados con este gobierno que difícilmente puedan pegar el salto y algunos pocos que aspiran a ser electos sucesores de una mandataria imposibilitada de buscar la reelección. ¿Llamar a una consulta popular para forzar lo que la Constitución no le permite? No lo creo, en estas circunstancias sólo serviría para precipitar la pérdida de poder, normal en todo gobierno saliente.

Entre quienes quieren afirmarse como sucesores del proyecto nacional del kirchnerismo se encuentra el gobernador bonaerense Daniel Scioli. Luego de los frustrados contactos con Macri, Massa y De Narváez para conformar un frente común opositor decidió seguir en el espacio del Frente para la Victoria y se erigió así como principal impulsor de la campaña de Martín Insaurralde. No tengo dudas de que jamás el kirchnerismo va a aceptar a Scioli como candidato a presidente y por lo tanto me resulta difícil creer que él sí puede tener esa pretensión. Tal vez su objetivo en esta instancia electoral pasaba por opacar la figura del intendente de Tigre; está claro que no lo logró.

Militante de la UCD, diputado provincial por el PJ, director ejecutivo de la ANSES, intendente de Tigre, candidato testimonial del FPV, Jefe de Gabinete de ministros; todo eso y más es Sergio Massa. La red social twitter, de la cual soy usuario, hizo fuerte el #MassaesK en una especie de mantra que aleja al convencido opositor al gobierno de caer en la trampa de los espejitos de colores pero que, en mi modesto análisis, le quita objetividad para la comprensión del proceso político en ciernes. ¿Qué significa ser K en la actualidad? ¿Compartir las ideas económicas del modelo? Muchas de ellas Massa no las compartía ni cuando era funcionario. ¿Ocultar su intención de reformar la Constitución Nacional para permitirle la re-re a la presidente? Esto no condice para nada con las evidentes aspiraciones políticas del intendente de Tigre. ¿Acompañar a la presidente en su momento más impopular? No conozco ningún político suicida.

Es entendible que Francisco De Narváez tenga una estrategia de estas características puesto que, como quedó claro, compite por el mismo electorado, pero es más difícil de explicar que personas sin interés político aparente repitan esto cual verdad revelada. Creo en realidad que aquí subyace una cuestión más psicológica y sociológica que son atribuibles al argentino medio: no querer pasar por ingenuo. Pasa en la vida cotidiana que vemos cómo las teorías conspirativas son mucho más aceptadas que un sesudo razonamiento sobre las motivaciones de una acción. Quizá deberíamos hacer un examen de conciencia para ver este rasgo de orgullo que todos tenemos en mayor o menor medida y tal vez así podamos entender un poco mejor la política argentina de la actualidad.

Scioli es K

Parafraseando el hashtag que lanzó en la red social twitter un enojado Francisco de Narváez, quien apenas enterado de la confirmación de las listas del nuevo Frente Renovador de Sergio Massa trató de pegar al gobernador de Tigre con el kirchnerismo, Daniel Scioli efectivamente volvió al redil y la presidente Cristina Fernández puede estar satisfecha por ello. Atrás quedaron negociaciones, especulaciones, contactos y elucubraciones entre el gobernador y distintas fuerzas políticas no kirchneristas. Los intentos por convencer a medios y periodistas de que nunca estuvo en los planes de Scioli establecer una alianza con Massa o De Narváez insultan nuestra inteligencia. Está claro que lo que finalmente sucedió estaba dentro de las posibilidades, pero sin dudas no fue lo único que se barajó y mucho menos de la forma en que sucedió, sin que siquiera pudiera poner a alguien de los suyos en las listas del Frente para la Victoria. En definitiva, no pudo dar la lucha interna para que no le llenen de “Mariottos” la provincia.

En esta ocasión, el tiempo y su carácter dialoguista le jugaron una mala pasada. A pesar de ser una persona muy estable en sus relaciones interpersonales, no es fácil entrar en la cabeza del gobernador de Buenos Aires. Si me permiten una hipótesis, creo que él apostó a un “chupamedismo” desembozado para mantener en pie la provincia contando para eso con los recursos de la Nación y esperando que esto le permita montarse sobre su gestión como plataforma electoral para el 2015. Es decir, aquí él analiza que estando a los pies, el kirchnerismo no lo va aplastar. Evidentemente, y después de tantos años, aún no conoce la esencia de Cristina.

Por estos días no se conocieron expresiones de los ministros del gabinete de Scioli, quienes suelen defenderlo de los embates del siempre bien dispuesto al trabajo sucio Gabriel Mariotto y de otras espadas K, pero imagino que no estarán muy conformes con la situación. Ni hablar de las agrupaciones sciolistas como La Juan Domingo y DOS que quedaron al margen del armado de listas y por ende de la contienda electoral en pos de un futuro, que es en realidad, absolutamente incierto.

Otro posible análisis de la particular situación podría pasar porque el ex motonauta quiera transformarse definitivamente en un sucesor confiable para Cristina Kirchner, especulando con que finalmente la primera mandataria no pueda presentarse a un tercer período. No se da cuenta de que nunca va a ser confiable al interior del kirchnerismo y que, de esta forma, cada vez se aleja más de serlo también para el peronismo no kirchnerista, quien lo va a terminar reemplazando por el siempre sonriente Sergio Massa. La presidente Cristina Fernández de Kirchner no busca un sucesor sino un sometido y por lo tanto, podría aspirar con suerte a recibir un apoyo similar al que Carlos Menem le dio a Eduardo Duhalde en las elecciones presidenciales de 1999.

Ahora bien, a pesar de las acciones por las cuales pide que lo juzguen, las frases de Daniel Scioli de los últimos días son bastante poco amables con el kirchnerismo. Cuando sostiene que si estuvo en los buenos tiempos del gobierno también va a estar en los malos, no deja demasiado bien parado el ensalzamiento de la realidad argentina que el oficialismo hace cada vez que puede. Lo mismo sucede cuando menciona que pensó en los bonaerenses y en no tener sobresaltos en la gestión o cuando dice que lo que pretende es que la provincia “no sufra…no cruja”; esto deja absolutamente claro que el gobierno nacional extorsiona a gobernadores e intendentes para otorgarles recursos y obras.

De cara a las elecciones de este año había solamente un lugar para un oficialista renegado y ese lugar lo ocupó el intendente de Tigre. Scioli no supo qué hacer con esa postulación y no tuvo capacidad de reacción. En caso de que Massa obtenga buenos resultados, algo altamente probable de acuerdo a las encuestas que miden la imagen de los candidatos, las agrupaciones y políticos que hoy apoyan al gobernador bonaerense (y algunos kirchneristas también) van a pegar el salto sin dudarlo.

En definitiva, podemos decir que Massa logró revivir y reinventar, aunque sea durante la campaña, la relación entre Cristina y Scioli, pero eso tuvo un solo beneficiario: él mismo.

La tormenta (casi) perfecta

Cuentan que la madrugada del 29 de Junio de 2009, el búnker kirchnerista olía a desesperación y abatimiento. En la provincia de Buenos Aires, el ex presidente Néstor Kirchner había jugado su capital político contra un novato De Narváez y había caído derrotado. Las candidaturas testimoniales de líderes locales, con el propio Daniel Scioli a la cabeza, habían sucumbido ante el tridente De Narváez, Macri, Solá. La extensa crisis del gobierno con el campo y una economía en decadencia habían dejado huellas en la imagen de Cristina, quien no pudo ser protegida por la hiperactividad de su esposo. La factura por esa derrota provocó fuertes pero silenciosos cuestionamientos en las filas del gobierno y a la presidente se le volvió a cruzar la idea de renunciar, tal como había sucedido luego del voto “no positivo” de Julio Cobos en la resolución 125. Lo que transcurre desde ese momento hasta las elecciones que le permiten a la presidente renovar su mandato, con la muerte de Néstor Kirchner y la recuperación de los parámetros económicos como principales protagonistas, es historia conocida.

Con este antecedente y centrándonos en el cierre de las listas para las PASO que se avecinan, el 23 de junio de 2013 constituye una fecha para tener en cuenta. Con una seguidilla de reveses en la Justicia, el oficialismo afronta la confirmación de los indicios como aquel piloto de navío que ve avecinarse una tormenta perfecta. La unión a nivel nacional del peronismo disidente y todas sus figuras (incluida la de Daniel Scioli) con el Pro de Mauricio Macri y sus aliados, podía haber sido una noticia devastadora para la endeble estabilidad emocional que mostró la presidente en los últimos días. Finalmente esto no ocurrió por lo cual lo que se avecina es un lento pero invariable declive para el kirchnerismo.

Sergio Massa decidió finalmente presentar sus listas sin las alianzas esperadas pero por fuera del Frente para la Victoria. La lista bonaerense de su Frente Renovador, con semejanzas estéticas al frente que conformó Jorge Tellerman en su fallido intento por ganar la jefatura de gobierno de la ciudad de Buenos Aires en 2011, es encabezada por él mismo, secundada por el intendente de Almirante Brown Darío Giustozzi, seguido por el renacido Felipe Solá, el ex presidente de la UIA Ignacio de Mendiguren, y la sorpresiva aparición del ex diputado y dirigente de la Coalición Cívica-ARI Adrián Pérez, quien renunció a su filiación partidaria luego del anuncio de su ingreso en el frente que lidera el intendente de Tigre.

A Massa, la presidente le va a hacer frente con un Martín Insaurralde que tuvo que saltar del banco de suplentes por el naufragio de candidatos como Alicia Kirchner y Florencio Randazzo. Sonrisa dibujada y asiduo visitante del programa de Marcelo Tinelli, tiene las condiciones para convertirse en el nuevo Sergio Massa; sólo le falta el favor de los votantes. Por otra parte, en la ciudad de Buenos Aires, el FPV postula para la senaduría de la nación al siempre bien dispuesto Daniel Filmus para luchar contra una Gabriela Michetti que parece ser invencible, al menos para el ya desgastado senador. En la provincia de Santa Fe, el ex gobernador Jorge Obeid (confeso admirador del cubano Fidel Castro) tiene que hacerse cargo de la postulación, luego de que la presidente Cristina Fernández recibiera con pesar la negativa a ser cabeza de lista de María Eugenia Bielsa, e intentará batallar contra el afianzado Binner por el Frente Progresista Cívico y Social y contra un Miguel del Sel que fue la sorpresa en la pasada elección por el lado de Unión Pro.

En Córdoba, la ex rectora de la Universidad Nacional de Córdoba Carolina Scotto tendrá enfrente un peso pesado como el delasotista Juan Schiaretti y a un outsider de la política como el ex árbitro Héctor Baldassi que se presenta por Unión Pro. Por parte de la UCR cordobesa se presentarán 3 listas para las PASO con miembros de envergadura como el diputado Oscar Aguad. Como dato sorprendente de dicha provincia está la reaparición del ex ministro Domingo Cavallo como primer candidato a diputado por el espacio que conducen los hermanos Rodríguez Saa.

Un dato que se confirma pero que no deja de llamar la atención en las filas de la oposición es la absoluta falta de sintonía que existe entre Francisco de Narváez y Mauricio Macri. A pesar de esto pudieron unir sus estructuras partidarias en distritos donde no son ellos quienes deben ponerse al frente de manera directa.

Con la reciente confirmación de las listas, las redes sociales se han llenado de disquisiciones acerca de la filiación K o no del intendente de Tigre Sergio Massa. Creo que en esta discusión se confunden algunas cosas. Por un lado, es lógico y razonable reprochar a quien se presenta como una alternativa al kirchnerismo sus años de pertenencia a dicho proyecto político y sus silencios ante decisiones importantes en materia política y económica, que afectaron además fuertemente la vida de todos los argentinos. También es lógico preguntarse cuáles serán aquellas políticas que van a diferenciarlo de la líder a la que sirvió en importantes cargos de gobierno. Sin embargo, me parece que es claro que el carismático tigrense no se presenta como heredero natural y puro del kirchnerismo. Pasándolo en limpio, diríamos que no es precisamente el candidato que la presidente elegiría como su sucesor si pudiera hacerlo; fundamentalmente porque sabe que él no jurará lealtad a su liderazgo y que, más temprano que tarde, va a romper con los lazos de origen que los unían para afianzar su propio sustento de poder.

¿Qué constituye el fenómeno Massa para que su decisión fuera una de las más esperadas de la política de los últimos años? Me parece que tiene algunos de los requisitos que la sociedad actualmente demanda: juventud, gestión y moderación. Para aquellos que creen que el kirchnerismo tiene muchas cosas buenas para conservar (ciertamente no es mi caso) representa la mejor opción para torcer un rumbo que según creen se desvió recién en los últimos años de gestión.

Con este panorama, el kirchnerismo tiene una derrota asegurada en los distritos más importantes del país. Tal vez la dispersión de la oposición en esos mismos distritos, donde el más fuerte en uno de ellos no lograr hacer punta en los otros, pueda disimular la dura derrota que se avecina para el oficialismo. Ante esta situación, cabe hacerse algunas preguntas. ¿Cómo va a lograr Cristina lidiar con la frustración de una derrota? Hasta ahora, los choques no le han hecho conducir con mayor precaución sino que la han impulsado a acelerar aún más el paso sin medir consecuencias y tropiezos mayores. ¿Qué pasará con los kirchneristas más ideologizados al ver que sus candidatos puros pierden ante ex kirchneristas o post kirchneristas? Por último, ¿qué hará la presidente cuando los caminos de la continuidad se vean cerrados por el voto popular? ¿Cuál será el argumento que reemplace al 54% justificador de todo los intentos de saltear los límites republicanos? En definitiva, serán las instituciones, leyes, la justicia y la opinión pública quienes eviten un desborde de autoritarismo que ponga en juego la democracia que tanto costó conseguir.

Destino final: peronismo

Como aquella saga de James Wong que comenzó con mucho éxito en el año 2000 y que trata de la forma en que la muerte persigue sin cuartel a un grupo de personas luego de que éstas la eludieran por una visión de uno de ellos, el peronismo persigue el poder adoptando para ello diversas formas. Da la sensación de no importar cuál sea la acción emprendida, el rumbo parece finalizar siempre dentro del justicialismo.

Próximos al límite de presentación de candidaturas y con los frentes ya inscriptos, la expectativa se centra, a pesar de todo, en candidatos peronistas. El más importante de ellos, el intendente de Tigre Sergio Massa, parece decidido a poner en juego su capital político en esta elección pero con el horizonte enfocado hacia 2015. Todo parece girar en torno a esa decisión: la construcción política del Pro, el destino de De Narváez, los movimientos del sciolismo, el futuro del kirchnerismo y también del FAP y el radicalismo. Luego de 10 años de peronismo kirchnerista, la opción más fuerte pensando en un recambio también es justicialista.

Visto así, no parece ser un destino alentador para aquellos que pensamos que el ciclo de 10 años de kirchnerismo tiene un saldo ampliamente negativo y que se requiere un cambio de 180º para aprovechar los vientos de época que todavía soplan para la región y que han sido tristemente desaprovechados por Néstor y Cristina. ¿Podemos esperar ese cambio del grupo político que engendró y nutrió de dirigentes este régimen?

Todos quienes manejamos una computadora hemos escuchado alguna vez aquel mito o realidad que dice que las empresas que fabrican los antivirus son las mismas que primero los crearon y diseminaron. Cierto o no, al parecer la política ensaya las mismas recetas para eliminar aquello que engendró. Como organización política movimientista, el justicialismo alberga dentro de sí una gran cantidad de variantes que tienen en común su ambición de poder.

Es frecuente escuchar hablar de la “pata peronista” que debe tener todo frente que aspire a gobernar la Argentina. Hay que reconocer sin embargo que las fuerzas de la oposición no peronista están realizando algunos esfuerzos para poder torcer esta realidad. En la ciudad de Buenos Aires por ejemplo, distintas partidos de izquierda y centro izquierda se han puesto de acuerdo para que las PASO cumplan una función importante en la determinación de candidatos para las elecciones de octubre. En la centro derecha, el Pro, de la mano del sector que lidera Gabriela Michetti, ha hecho esfuerzos importantes para dejar en claro que la alianza con Moyano y el sector más vinculado al peronismo tradicional no era viable por cuanto el partido representa otras cosas. El mismo Mauricio Macri, con su estrategia de reclutamiento de “luminarias” de otros ámbitos, como lo son el ex árbitro Héctor Baldassi, el humorista Miguel del Sel o el referente del campo Alfredo de Angelis parece hacer un intento desesperado por no sucumbir ante la dependencia de la “pata peronista”, la cual, de todas maneras, ya forma parte de su estructura partidaria.

Hay dos posturas extremas respecto a la interpretación que se hace del kirchnerismo en su comparación con el peronismo tradicional. Por un lado están aquellos miembros de la vieja guardia, hoy enfrentados con el gobierno, que sostienen que los Kirchner han trastocado los valores tradicionales del justicialismo para llevarlos a un izquierdismo que nunca estuvo en la génesis del movimiento fundado por el general Juan Domingo Perón. Algunos de los que suscriben esta teoría, como el jefe de la CGT Hugo Moyano, fueron parte fundamental desde los inicios del gobierno kirchnerista, y han abandonado el barco en un pasado no tan lejano por cuestiones que tienen más que ver con la lucha de poder que con convicciones. Por otro lado, encontramos a aquellos que, analizando aspectos de los orígenes del peronismo o del accionar de un sector del movimiento enclavado en la década del 70`, sostienen que esto que vemos con el kirchnerismo es tan sólo una visión descarnada del peronismo original y que no es más que la continuación de aquellas prácticas en materia económica, política, social y de medios. En esta premisa, que tiende a hacer con la crítica al kirchnerismo una extensión a todo el peronismo, se deja de lado el contexto histórico. Tal vez no sea tan visible esta diferencia en lo que a medios se refiere (recomiendo leer para esto “El inventor del peronismo” de Silvia Mercado) dado que cuando lo que se tiene es una vocación hegemónica para el relato poco tiene que ver el contexto, pero sí es relevante en cuanto a los preceptos económicos. Sin pretender poner palabras en una persona ya fallecida, es bastante obvio que si el fundador del movimiento viviera, no pretendería adoptar políticas de los años 50` (tal como lo es por ejemplo el proteccionismo o estatismo exacerbados) en pleno siglo XXI. Habiendo por aquellos años, coqueteado con la idea de ser parte de una extendida corriente totalitaria, parece un sinsentido proponerlo ahora.

Otra posible analogía respecto del peronismo y los acontecimientos actuales podría estar en la idea/mito popularizada a través del cine (como en la muy buena película “Epidemia” con Dustin Hoffman) de que quien ha inoculado un virus es el mismo que debe controlarlo porque la situación se le ha ido de las manos. Con este criterio, las pasadas elecciones impulsaron a un Duhalde sin ganas ni fuerzas a presentarse como candidato presidencial para arrebatarle el poder a la viuda de su delfín político.

¿Estaremos destinados a un peronismo que, adoptando diversas caras, sea el único capaz de gobernar? ¿Será que ahora aquel movimiento forjado por el general Perón se ha dado cuenta de que este kirchnerismo está más cerca del socialismo del siglo XXI y es momento de que sea expulsado hacia el ostracismo? ¿Será que un partido pragmático como pocos se ha vuelto más ideológico en manos del kirchnerismo y por eso debe volver a sus orígenes? Yo no tengo la respuesta, pero si queremos saber qué va a hacer el peronismo con el kirchnerismo, sigamos con atención los movimientos de los intendentes del conurbano bonaerense. Al modo de la lámpara junto al sagrario que con su luz roja perpetua indica la presencia de Dios, los jefes comunales son siempre quienes detectan la presencia o no de peronismo en el gobierno y parece, por algunos movimientos de última hora, que están dejando que esa luz se apague.

El suicidio político de CFK

El kirchnerismo tiene una obsesión con Daniel Scioli. Creo que en muchos de los militantes de Néstor y Cristina exaspera su personalidad. Recordemos que estos militantes, entre los cuales también tenemos que contar a funcionarios, legisladores y algunos intendentes y gobernadores, han tomado un perfil similar al de sus mentores: actitud combativa, redoblar la apuesta, no dialogar nunca, ficcionar la realidad, un alto componente ideológico, un etnocentrismo flagrante y un ego exacerbado. Contra todo esto, el gobernador Scioli ha conservado un perfil ligado a la gestión (bien o mal ejecutada según quien lo analice), desideologizado, con permanentes contactos con fuerzas de la oposición, dialoguista, con respeto por las instituciones, sin enfrentamientos con la prensa y con una mirada abierta al mundo.

A todas estas diferencias que siempre existieron, y dejando al margen que el gobernador ha acompañado este proyecto político (llamarle “modelo” es un exceso de generosidad) desde sus inicios, ahora se suma su indefinición para las próximas elecciones y el perfil más combativo adoptado por sus funcionarios y políticos más cercanos. La creación de la agrupación “La Juan Domingo”, casi una burla a La Cámpora, con dirigentes que promueven desembozadamente la candidatura a presidente del ex motonauta para el 2015 y que no se someten a los lineamientos políticos de la presidente (más allá de que en su sitio web dicen apoyar el  “Proyecto Nacional y Popular que lidera Cristina Fernández de Kirchner en la Nación y Daniel Scioli en la provincia de Buenos Aires”) es un desafío mayor. Da la sensación de que el gobernador ya no va a aceptar que el armado de las listas de su provincia quede bajo exclusivo arbitrio de la presidente y esto es poco menos que pasarse al enemigo en la lógica de Cristina (oposición es una palabra demasiado light para el kirchnerismo).

Al problema “Scioli” se le ha sumado uno aún peor que se llama Sergio Massa. El político argentino con mayor porcentaje de imagen positiva es también una incógnita a develarse en las próximas horas. Quien fue jefe de gabinete de Cristina y ahora está refugiado en la intendencia de Tigre cosecha amplio consenso entre la población basado en un alto perfil de gestión (y farandulero también) y un bajísimo perfil político-ideológico. Como hábil estratega, tiene contactos con todo el arco político y es así como mantiene la incertidumbre sobre sus próximos pasos. También cuenta con cierta facilidad para cubrir sus flancos, algo que, como gobernador de una provincia compleja como ninguna, Scioli no puede hacer. Bajo estas circunstancias y contando con recursos propios suficientes, le resulta mucho más difícil al kirchnerismo la embestida contra el intendente de Tigre.

Esta situación y la posible alianza entre ambos ha puesto nerviosos a todos en el oficialismo. En primer lugar, la presidenta fue particularmente enfática en las críticas al gobernador, a quien tenía sentado al lado durante un acto el pasado 30 de Mayo en Lomas de Zamora y, sin nombrarlo, lo responsabilizó por la inseguridad, por no hacerse cargo de los problemas, por tomarla a ella por idiota y por tener protección de los medios de comunicación “corporativos”. A su mensaje se sumó el desafío “a que se defina” del senador Aníbal Fernández, el insulto del ministro Julio De Vido y la visión escatológico religiosa del presidente de la Cámara de Diputados de la Nación Julián Domínguez.

En este pánico por el que atraviesa el kirchnerismo hay motivaciones racionales y también emocionales. La presidente sabe que si no es ella quien designe a todos los candidatos que van a integrar las listas, el poder va a quedar más difuminado entre diferentes núcleos y que además el desgaste propio de la larga gestión, sumado a la imposibilidad de reelección, van a tornar dificultosa la segunda parte de su mandato (pato rengo). Sabe además que la lealtad absoluta sólo puede aspirar a obtenerla en La Cámpora; pero esta agrupación, que ha logrado extenderse rápidamente por todo el país, encuentra resistencia dentro de quienes detentan el poder territorial en cada distrito. Como en toda organización política, La Cámpora tiene miembros convencidos del proyecto y otros que están por interés, pero todos juran lealtad por su jefa política. En cambio, los intendentes y gobernadores no tienen ningún tipo de convicción política respecto al proyecto, para ellos todo se resume a dinero (aquí referido específicamente como el necesario para poder gestionar el territorio propio) y poder.

Pero qué es lo que piensa de todo esto el siempre esquivo Daniel Scioli? A falta de definiciones políticas por parte del gobernador, podemos tomarnos de algunas definiciones dadas por su esposa Karina Rabollini en el hilarante segmento de ping-pong dentro del inclasificable programa de América que conduce por la noche Santiago del Moro. Allí por ejemplo, prefirió al jefe de gobierno Mauricio Macri en oposición al senador Aníbal Fernández; optó por el presidente uruguayo, quien recordamos trató de “terca” a Cristina, en detrimento de su par venezolano Nicolás Maduro y, cuando requirieron su opinión sobre la presidente, se limitó a un lacónico y sugerente “a mi siempre me trató bien”.

¿Quién analiza toda esta situación dentro del poder nacional y cómo se deciden las acciones a ejecutar? Ya habíamos visto en una columna anterior, la manera en que se fue modificando la composición del gabinete de Cristina y cómo fue reemplazando capacidad por obediencia. Eso también fue generando una reducción del círculo que en todo gobierno toma las decisiones más importantes, sean estas de política agonal o arquitectónica. Hoy, la mayor parte de esas decisiones pasan por la congestionada cabeza de la presidente y tal vez en esto reside el embate contra ambos políticos. Claro está que, como mucho, la presidente puede aspirar a una abstención de Massa respecto a estas elecciones y a compartir el armado de las listas con Scioli, algo que parece no estar dispuesta a hacer. Pelearse con los dos políticos con mejor imagen del país y siendo ambos parte de la provincia que agrupa al 40% de los electores no parece una sabia decisión. Incluso pensando en cualquier estrategia futura para conservar el poder o alguna cuota de él, no resulta una buena elección.

Finalmente, hay aquí algunas preguntas relacionadas a estos temas cuyas respuestas no abordaré en estas líneas pero que me gustaría dejar planteadas: con casi el 70% de la gente buscando una alternativa al gobierno nacional, da la sensación que un acuerdo entre Massa, Scioli, De Narváez y Macri sería imbatible, pero es esto posible? La otra cuestión que queda flotando es lo mucho que los argentinos estamos apegados al peronismo. Tal vez sea esa sensación de que no importa la inclinación ideológica que el justicialismo del momento decida impregnarle al movimiento sino ese plus de gobernabilidad que en otros sectores queda siempre en discusión lo que siempre inclina el fiel de la balanza a su favor.