Francisco y Perón, un solo corazón

ImagenPocas veces, por no decir ninguna, vi al kirchnerismo retroceder en un ataque y esto es lo que logró el Papa Francisco. Sin embargo, se puede hacer otro análisis sobre lo sucedido y haría, en esto, una salvedad. Me parece poco relevante entrar en la ideología del flamante Papa porque él tiene principalmente una misión pastoral que poco va a ser influenciada por sus ideas políticas. Sí me gustaría adentrarme en cómo esto impacta en el peronismo dado que esto sí es de una influencia monumental sobre la política interna del país.

Surge así el emparentamiento que algunos sectores del oficialismo, léase Carta Abierta o Luis D´elia por ejemplo, hicieron entre el cardenal Bergoglio y la organización peronista Guardia de Hierro. Vale aclarar que encuadrar a este grupo, y convengamos que a todo el peronismo con su líder a la cabeza, en una posición ideológica es una tarea casi imposible. Sí podemos quedarnos a los fines de este artículo en que fue una organización que representaba la ortodoxia peronista o, al menos, acompañaba los virajes “oficiales” del movimiento.

Enfoquémonos ahora en aquellos sectores del kirchnerismo que dieron su bienvenida inmediata al nuevo Papa, al que no sólo identificaron como un compatriota sino también como peronista. Dentro de este grupo tenemos al menos oficialista pero sí bastante leal Daniel Scioli como también a soldados de la causa kirchnerista como el Secretario de Comercio Guillermo Moreno o el vicegobernador Gabriel Mariotto. Para ellos basta saber de la mentada filiación peronista del nuevo Papa o de su inclinación hacia los más pobres como para poder ubicarlo dentro de su sector. Tampoco debemos descartar aquí la conciencia de todo lo que el nuevo obispo de Roma generó entre la gente, votantes al fin, como para obviar algunas discrepancias que hayan tenido.

Quizás por una circunstancia histórica, tal vez por una cuestión de autoridad, pero deberíamos reconocerle a la presidente Cristina Fernández de Kirchner que, al menos de manera temporal, logró poner en vereda a esos díscolos (aunque al momento de escribir estas líneas no lo había logrado con Horacio González) que atacaron duramente al cardenal Bergoglio. Si este nivel de obediencia se mantuviera en el tiempo, tendríamos aquí a una Cristina Fernández que podría contarle a sus nietos que logró lo que el anciano general no pudo. Creo que todos podemos darnos cuenta de que las circunstancias son totalmente diferentes pero, como reza aquel dicho, “las excusas no se televisan”.

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