El #18A visto desde adentro

ImagenParticipé de la manifestación de ayer, 18 de Abril, como también lo hice el 13 de Septiembre y el 8 de Noviembre pasados. Igual que las dos anteriores, fueron convocadas desde las redes sociales pero, a diferencia de las otras, también se invitó a participar a dirigentes opositores. De esta manera quedó claro que los principales destinatarios de los reclamos son del gobierno nacional y que si bien se realizan allí críticas a los opositores, estas tienen más que ver con falta de reacción ante la agenda oficialista que por razones estrictamente de contenido político.

Tal como lo hice las otras oportunidades quise caminar desde uno de los puntos de encuentro hacia el punto final con el objetivo de “sentir” la marcha y no sólo “plantar” bandera en la Plaza de Mayo (supongo que hay algo de deformación profesional también en esto).

Me tocó marchar gran parte del trayecto cerca del líder de Proyecto Sur Pino Solanas, que mantuvo una actitud respetuosa hacia los convocantes ignotos, sin hacer alardes de fama y tomando él mismo sus propias imágenes, apostando así a su origen de cineasta. Rápidamente tuve que olvidar que ese dirigente ha manifestado en algunas oportunidades su preferencia por el chavismo, lo cual me parece una insalvable contradicción de acuerdo a lo que en estas marchas se le pide modificar al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

Como siempre, los cánticos y las consignas son heterogéneas y poco coordinadas, algo absolutamente lógico entre gente que no tiene una formación política determinada y que tiene variados argumentos por los cuales reclama. Quizás sí los carteles presentes puedan dar una muestra aproximada de lo que se pide: independencia judicial, atacar la corrupción, combatir la inflación y la inseguridad, menor prepotencia gubernamental, menor injerencia del Estado en asuntos privados.

Me cuesta entender cuando un dirigente kirchnerista y diputado nacional como Edgardo Depetris critica, en una entrevista que le realiza una radio FM una vez finalizada la manifestación, el “rejunte” de manifestantes cuando justamente esa es la consigna, que todo aquel que tiene algo por lo cual reprochar al gobierno nacional pueda utilizar este canal constitucional de protesta para hacerlo. En tal caso, este dirigente está en su derecho de regodearse por la dificultad que esto implica para canalizar las protestas en un movimiento electoral opositor que le arrebate al oficialismo el control del Poder Ejecutivo y el Legislativo. Mucho más coherentes me parecieron las argumentaciones del dirigente kirchnerista de la provincia de Buenos Aires Fernando “Chino” Navarro cuando esta mañana en declaraciones radiales reconocía la masividad de la protesta y lo minoritario de las posiciones extremistas que allí se profesaban dejando constancia también, con toda lógica, que él no estaba de acuerdo con las cosas que allí se le pedían cambiar al gobierno nacional. Celebro esta actitud, y no es la primera vez que este dirigente pone sensatez y racionalidad en sus apreciaciones.

Se que hubo agresiones a periodistas afines al oficialismo como Cynthia García o a corresponsales de la agencia oficial de noticias Télam y obviamente son repudiables. Tampoco es muy sabia la intención de tomarle el pelo a manifestantes que no tienen que ser sofistas de la argumentación para que sus reclamos sean legítimos.

Me llamó positivamente la atención cuando, ya a las puertas del Congreso Nacional y con legisladores aprobando allí dentro leyes que quienes ahí estábamos creemos lesionan gravemente la necesaria independencia judicial, el grueso de los manifestantes frenaban a los gritos el intento que unos pocos hacían por franquear las puertas, arrojar pirotecnia dentro o romper los vidrios del emblemático edificio.

Se que se hacen demasiados análisis intencionados respecto al grupo social que asiste a estas manifestaciones. Creo que los manifestantes cruzan todos los sectores sociales pero el núcleo está en la clase media urbana de todas las ciudades y en la gran cantidad de jóvenes que participan. Por qué negar que dentro de los manifestantes hay personajes que añoran épocas de dictadura militar o aquellos que piden la expulsión fáctica del gobierno de Cristina Fernández, pero está claro que son la minoría y que seguramente sufren alguna contradicción interna cuando observan que lo que se pide allí es respeto por las instituciones democráticas. Esta claro que estas expresiones menores no invalidan la masiva movilización de, tal vez, un millón de personas en todo el país. Las plazas no tienen derecho de admisión y no creo que nadie lo proponga tampoco.

El fuerte de la manifestación de ayer pasó por el rechazo a la reforma judicial, conocida por el kirchnerismo como “democratización de la justicia”, y esto produjo una parada, no planeada previamente, a las puertas del Congreso Nacional donde, como dije previamente, aún sesionaban sobre esta cuestión. En esta ocasión la manifestación hizo foco allí a tal punto que la diputada nacional del Pro Laura Alonso pedía realizar una nueva protesta el 24 próximo cuando se espera que el Congreso de la sanción definitiva a las leyes más cuestionadas de esta reforma propuesta.

Es válido y razonable cuando desde el oficialismo se sostiene que una marcha no puede hacer cambiar los lineamientos que vienen sosteniendo desde inicios de su gobierno pero sí podemos pretender que, si lo que se plantea es cambiar lineamientos que, como ellos mismos declaran, arrastran 200 años, deberían observar que cambios tan profundos tienen que contemplar los amplios rechazos que generan y tratar al menos de lograr consensuar algunas de estas políticas. Tampoco me parece prudente la actitud frecuente de la presidente de ignorar estas expresiones porque vale recordar que son realizadas por parte de esos 40 millones de argentinos para los cuales gobierna y que suelen ser destinatarios también de la propaganda de gobierno.

* Publicado en INFOnews

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