Liberen a Willy

“Cuando advierta que para producir usted necesita obtener autorización de quienes no producen nada; (…) entonces usted podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad esta condenada” Ayn Rand. Este fragmento extraído de una frase de la escritora ruso estadounidense puede describir con exactitud el accionar del secretario de comercio interior Guillermo Moreno.

El juez Bonadío dictó este martes el procesamiento del secretario y de dos funcionarios de su cartera inculpándolos, entre otras cosas, por abuso de autoridad. En un auto de procesamiento que tiene definiciones políticas relevantes, Claudio Bonadío acusó a Moreno de aplicar multas para conseguir silencios en cuanto a estadísticas se refiere. Esto surge a raíz de la denuncia presentada por Jorge Todesca, socio de la consultora Finsoport, a la cual el secretario había aplicado una sanción por difundir, según él, datos que inducen al error a los consumidores, violando así supuestamente la ley de lealtad comercial.

Ante esta novedosa situación en la que se encuentra Moreno, un solitario Julio Alak (ministro de Justicia y Derechos Humanos) salió en defensa del funcionario acusado. Sin embargo, y a pesar de los enemigos que el secretario supo conseguir al interior del gobierno, difícilmente la presidente Cristina Fernández de Kirchner sacrifique a un soldado del modelo. Lo que debe quedar claro es que el secretario es tan sólo un símbolo de la política económica desarrollada por este gobierno; en tal caso es quien mejor representa la arbitrariedad, el voluntarismo, la informalidad y la falta de reglas claras con las cuales el kirchnerismo se ha manejado en economía. Cierto es que estos rasgos se han ido agudizando con el transcurrir del mandato pero efectivamente son propios del perfil “genético” kirchnerista.

Este modelo, una especie de mercantilismo pero sin el fomento exportador (¿conocen algo peor?), es impulsado directamente por la presidente, que tiene en Guillermo Moreno a un incansable multiplicador de fracasos, con puntos salientes en el INDEC, el control de precios, la fuga de capitales, el cepo cambiario, los Cedines, las restricciones a la importación, la destrucción de mercados como el del trigo y la carne, la Supercard, la proliferación de tipos de cambio paralelo, etc.

Ahora bien, ¿todo esto es judicializable? ¿Tenía que venir un juez federal para decir que las acciones de este personaje se dan de bruces con el estado de derecho y el funcionamiento de una democracia republicana? ¿Cómo es posible que un frente político que recién ahora ha perdido el favor de la gente sostenga durante tantos años una política comercial tan arbitraria? ¿Cambiaría algo el alejamiento de Guillermo Moreno?

El jefe del bloque Pro en la Cámara de Diputados Federico Pinedo ha brindado una buena definición sobre esta resolución del juez al decir que “en una democracia son más importantes los derechos de la gente que el poder de los funcionarios”. Moreno representa más que nadie en este gobierno el convencimiento de una casta de funcionarios que consideran su función por encima de cualquier otra; es conocido su pedido de pleitesía a sus interlocutores, generalmente empresarios.

Una de las características salientes de este funcionario son la movilidad y oralidad de las reglas que impone. Difícil es encontrar medidas dispuestas por Moreno que estén plasmadas en un papel. De hecho, su arbitrario manejo del flujo del comercio exterior, en caso de estar escrito, brindaría una irrefutable prueba a quienes ya han denunciado a la Argentina por sus prácticas comerciales ante la Organización Mundial del Comercio, dado que muchas de esas medidas se toman a espaldas de los requisitos que este organismo pide a sus miembros.

En definitiva, en economía, lo peor del voluntarismo con malos modales que ejecuta de manera “magistral” Guillermo Moreno no es precisamente esto último.

Quien se acuesta con el gobierno amanece mojado

Esta noche en el predio de Tecnópolis van a festejar el Día de la Industria alrededor de 2.000 empresarios que van a abonar $1.000 el cubierto para poder estar cerca de la presidente Cristina Fernández de Kirchner, quien se anuncia como única oradora de la velada. Allí se espera que enumere por enésima vez las políticas maravillosas que su gobierno tomó para “recuperar la industria nacional” de la decadencia en la que estaba sumergida. Este es, aunque pocas veces se cuestione su veracidad, uno de los elementos centrales del relato.

Serán de la partida, como siempre, aquellos empresarios que han entablado buenas relaciones con el gobierno nacional, que se han enriquecido con ciertas políticas o bien que temen la represalia gubernamental de no acompañar el “modelo”. Todos ellos han formado parte de ese staff de aplaudidores en los actos donde la presidente se regodea por los logros obtenidos en la materia.

Seguramente estará presente Rubén Cherñajovsky, dueño del grupo Newsan (mayor empresa ensambladora en la zona de promoción industrial de Tierra del Fuego), quien aprovecha largamente las ventajas impositivas en dicha provincia y la restricción a la competencia exterior para ensamblar productos electrónicos de tecnología añeja y venderlos a precios que doblegan los de países vecinos. Motivos para festejar no le faltan a este multimillonario empresario que emplea alrededor de 3.000 personas con un costo en exenciones impositivas para el Estado que supera los 5.000 millones de pesos anuales. ¿Alguien cree que esto es realmente beneficioso para el país? ¿No sería mejor destinar esos recursos para subsidiar a esos trabajadores hasta que encuentren un trabajo productivo? ¿No es demasiado el costo que pagamos todos los ciudadanos para satisfacer la “visión industrialista” que el Estado quiere mostrar? ¿No somos capaces de pensar que el atraso tecnológico al que someten estas medidas tiene repercusiones negativas para la competitividad de nuestro capital social?

Luego de 10 años de vanagloriarse por una exitosa política de reindustrialización del país, ¿es lógico que las trabas a las importaciones tengan que ir en aumento para subsidiar a una industria que es, a todas luces, incompetente?, ¿no es momento para que las industrias sostenidas por todos los argentinos puedan salir ya a competir o se dediquen a otra cosa?, ¿a nadie le preocupa que el régimen de compensaciones implementado por Guillermo Moreno no haya aumentado ningún producto exportable sino que, por el contrario, haya caído la exportación en los rubros más utilizados para adaptarse a esta ridícula medida?.

No será de la partida el actual titular de la UIA Héctor Méndez, quien tuvo recientemente un cruce con el ministro de economía Hernán Lorenzino, para lo cual interpuso un adecuado viaje con su familia a Roma. Quien sí estará presente es Ider Peretti, tambero de Morteros, provincia de Córdoba, titular de la Confederación General Económica (y varios cargos más en instituciones afines al gobierno), ruralista K y amigo de Guillermo Moreno. También dará el presente Yolanda Durán, titular de Cedeapsa, la cámara que agrupa a supermercados chinos más afín al gobierno y poseedora de una de las 3 tarjetas Supercard que aún no se pueden usar dado que el sistema espera desde hace meses ser implementado (las otras dos tarjetas son de Cristina Kirchner y de la subsecretaria de Defensa del Consumidor, Lucila “Pimpi” Colombo).

Tampoco estará presente José Ignacio de Mendiguren, otrora presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), y que sí tuvo gran protagonismo en la edición 2012, siendo muy cercano a la presidente argentina por aquellos tiempos. Al parecer, el hoy candidato a diputado en la lista del Frente Renovador que encabeza el intendente de Tigre Sergio Massa, se ha dado cuenta después de 10 años de gobierno que las políticas para proteger a la industria no son tan buenas como él creía. Seguramente sí sigue sosteniendo como mecanismos para ganar competitividad una “racional” protección y una progresiva devaluación del tipo de cambio, para lo cual es habitual que haga lobby. ¿Ni hablar de que el Vasco reclame en términos más generales contra la artificialidad cambiaria no?

Todas estas desacertadas medidas son a costa de maltratar con extracción de recursos y trabas a la comercialización al sector más dinámico de la economía argentina, como lo son el campo y sus derivados. Al mismo tiempo no se fomenta el amplio abanico de servicios que son en la actualidad el motor de empleo de calidad y alto valor agregado en los países desarrollados y que tienen un capital humano muy importante para desarrollarse en Argentina.

El triste ejemplo de la industria manufacturera, ampliamente utilizado para fogonear las trabas a la importación de productos importados siempre impulsadas por fundaciones de dudosa vocación empresaria y emprendedora, como por ejemplo la Fundación Protejer (supongo que lleva el nombre por las cuentas bancarias de los empresarios prebendarios que protege), es categórico. Los números aportados por el INDEC muestran que en la participación del PBI, la industria manufacturera aporta lo mismo que durante la década del 90`. Tampoco fue importante su participación durante estos años en la creación neta de empleo, como sí lo fueron los servicios y la construcción (y crecientemente desde el 2008 el sector público). Obviamente, y como era previsible, la participación de la industria manufacturera en las exportaciones tampoco aumentó en los años del kirchnerismo dado su falta de competitividad y obsolescencia.

Tiene razón la presidente cuando dice que en las reuniones con industriales no expresan quejas respecto a las políticas implementadas. También es cierto que el temor a represalias es grande, que el Secretario de Comercio aplica todo tipo de presiones sobre empresarios que se “desaliñan”, que el gobierno utiliza recursos del estado para adoctrinar a los díscolos, pero también los industriales deberán ser conscientes de que ellos han contribuido a fortalecer las políticas erradas de un gobierno autoritario. En ocasiones lo han hecho por temor, en ocasiones lo han hecho para obtener ventajas; en cualquier caso, como siempre sucede, quien se acuesta con el gobierno de turno, a la larga amanece mojado (pero muy rico en ocasiones).

Tengo la esperanza de que alguna vez podamos festejar un día de la industria competitiva, tecnológica, complementada con las áreas económicas en las cuales el país tiene capacidades relativas favorables, con los servicios que el mundo más requiere, con el agro, con el conocimiento. Esto no minimizaría en absoluto la función de las industrias y haría que sus titulares, con absoluta razonabilidad, pidan reglas claras, buen clima de negocios y confianza para invertir y competir.

Octubre siempre estuvo cerca

Con la espuma generada por las PASO ya en baja, lo que quedó al descubierto es bien interesante y a la vez complejo de comprender. ¿Cuál es la Cristina resultante de aquella elección primaria, la combativa e irritada de los primeros discursos posteriores o la que autoriza a reconocer la inflación y la inseguridad?; ¿la que a golpe de tuits genera un conflicto diplomático con Chile o la que permite que sus funcionarios asistan a los programas de la “corpo”?; ¿la que autoriza al presidente de YPF a reconocer el grave déficit energético existente o la que se obsesiona con “el círculo rojo” mencionado por Macri?; ¿la que pone en el freezer a los militantes de La Cámpora o la que se victimiza hablando de las “balas de tinta”?. Cristina Fernández es la misma de siempre, aunque lo que sucede a su alrededor sea extremadamente volátil.

Sin dudas, los comicios de agosto generaron un impacto importante en las filas del Frente para la Victoria como también lo hicieron entre la oposición. Lo que era fácil de pronosticar está sucediendo lenta pero consistentemente: con el fuego de la chimenea kirchnerista menguando, los dirigentes peronistas se están acercando al hogar del intendente de Tigre y esto va a ayudar a consolidar el escenario negativo para el oficialismo.

En lo que a todos nos atañe, una de consecuencias directas que la elección puede traer aparejada es el riesgo de autodestrucción. En este sentido, merecen especial atención las denuncias hechas por el hiperoficialista ex piquetero Luis D`Elía acerca del intento de destitución que se estaría gestando sobre la presidente para lo cual pronostica, yendo tal vez demasiado lejos, una fecha precisa. Por supuesto que esa atención no debe estar puesta sobre las declaraciones a las cuales este personaje nos tiene acostumbrados sino porque estas ponen una señal de alerta sobre lo que una facción política acorralada e incapaz de asumir golpes puede hacer. En este sentido, creo que el sistema político argentino debe proteger a la presidente de ella misma. Analizando la teoría destituyente, cabría preguntarse, ¿para qué querría una oposición a punto de obtener una gran victoria política acelerar un proceso que natural e institucionalmente se producirá en 2 años? Una pregunta sin respuesta dentro de la fantasía kirchnerista.

Del otro lado, los cambios que introdujeron en el impuesto a las ganancias, el discurso conciliador esgrimido en algún momento por la presidente, el reconocimiento de problemas como la inseguridad y la inflación y la sorpresiva aparición de funcionarios y candidatos oficialistas en los medios del grupo Clarín puede circunscribirse en lo que Morales Solá llamó “amabilidad preelectoral”. Lo paradójico es que el INDEC no refleja la inflación real porque el gobierno mismo lo intervino a través de Guillermo Moreno en el 2007 y los parches inventados para atacar ese problema no hacen más que alimentarlo porque generan mayor desconfianza. La inseguridad es un problema percibido por todos los ciudadanos y también por los funcionarios que, en una muestra mayúscula de hipocresía, lo desdeñaban con el recurso discursivo de la “sensación de inseguridad”. Quiero decir, ambas cuestiones, fueron y son voluntariamente parte de la esencia de este gobierno, por lo cual el simple reconocimiento de la problemática no los exime de nada. Para clarificarlo más, esto no es autocrítica, es un burdo recurso para no perder más votantes de cara a las elecciones de octubre pero, lamentablemente para Cristina Fernández de Kirchner, el ciudadano se dio cuenta.

Con unas PASO que no cumplen la función para la cual supuestamente fueron creadas sino que sirven básicamente como una gran encuesta nacional, lo que han logrado es poner un impasse con algunos indicios de lo que está por venir. Como antecedentes, podemos recordar que a posteriori de las elecciones en las que la entonces primera dama (o primera ciudadana, como le gustaba que la llamen) se transforma en presidente allá por el 2007, se generó la pelea con el campo que transformó la coyuntura nacional y que trajo como consecuencia un 2009 perdidoso para el gobierno. También resultó llamativo cómo, luego de ese 54% con el cual la presidente consagra su reelección en 2011, el gobierno aplicó el cepo cambiario y otras medidas restrictivas del comercio que tanto malestar generaron en la clase media que había apoyado a esa viuda que recuperaba una economía pujante después de la crisis mundial comenzada en 2008.

No sería muy difícil reconstruir un diálogo entre los miembros del gobierno y los líderes de La Cámpora. Seguramente gira alrededor de solicitarles a los miembros de dicha agrupación juvenil una distancia prudencial hasta que pase la elección de octubre. Es lo que piden todos los candidatos peronistas del Frente para la Victoria, con Martín Insaurralde a la cabeza, y es lo que la presidente acepta a modo de estrategia electoral. Sin embargo, pasadas las elecciones, cualquiera sea el resultado, La Cámpora va a ser su principal fuente de apoyo (y quizás la única).

Siempre me encuentro en las antípodas de cualquier teoría conspirativa. Es más, creo que hay en ellas una cuota importante de vagancia intelectual de aquellos que las formulan, dado que es más fácil apelar a la incapacidad general para aceptar la reconstruida frase socrática traducida en “sólo se que nada se”, que realizar un minucioso trabajo de investigación que apenas puede brindar verdades relativas. Sin embargo, dadas las características del gobierno argentino, de su presidente, las encuestas que empiezan a marcar una notable diferencia en la provincia de Buenos Aires, el contexto internacional, las dificultades que arrastra la economía argentina y los conflictos latentes en la sucesión presidencial dentro del espacio oficialista, yo al menos, estoy listo para ajustar mi cinturón porque creo que a partir del 28 de octubre y hasta la finalización del mandato de Cristina Fernández nos espera un río demasiado revuelto.

Hibris, Nelson y Cristina

Gran revuelo causó en medios y redes sociales la editorial de Nelson Castro en su programa de TN “El Juego Limpio” donde habló de la salud de la presidente Cristina Fernández de Kirchner. En mi opinión, el Dr. Castro, aprovechando su condición de médico y cierto acceso a información sobre la salud presidencial, realizó una suerte de diagnóstico televisivo que ciertamente no corresponde a un trabajo profesional en el ejercicio de la medicina. Creo también que al comenzar hablando sobre la salud emocional de Cristina Fernández para finalizar analizando el llamado síndrome de hibris (hubris según Nelson) y concluyendo que la presidente lo padece, ha traído algo de confusión y le valió ser blanco de furibundas descalificaciones.

El 3 de Abril de este año (pueden verlo entre los archivos del blog) compartí una nota de Carlos Pagni en La Nación titulada “Cuando el poder se vuelve una patología” que trataba sobre este tema. Hibris: palabra que viene del griego y que significa desmesura, conceptualmente era asignada en la antigua Grecia como una característica que hacía que el ser humano se atreva a desafiar a las divinidades. Entendida actualmente como soberbia, este “síndrome” fue desmenuzado en un artículo del 2009 escrito por  David Owen y Jonathan Davidson para la revista  “Brain. Journal of Neurology” de la Universidad de Oxford, Gran Bretaña.

Ningún ser humano puede, por más conocimientos y diplomas que tenga, hacer un diagnóstico a la distancia acerca de un problema que aqueja a otra persona que no es su paciente. Es más, aunque crea tener los elementos para hacerlo, debe tener mucho cuidado de no estar hiriendo susceptibilidades con esa opinión. Esto es así para cualquiera de nosotros y también para el análisis de los políticos que nos gobiernan, con la salvedad de que la salud de cualquier presidente tiene que ser parte de la agenda pública dado que esta repercute sobre todos los ciudadanos. Lo que se debe exigir en ese caso es una información precisa, transparente y fidedigna de la salud presidencial. El caso del fallecido ex presidente venezolano Hugo Chávez es un ejemplo acabado de lo que NO debe hacerse. Lamentablemente, con la salud del fallecido ex presidente Néstor Kirchner y también con la de su esposa Cristina Fernández sucedió algo parecido.

Como politólogo, y para sentirme más cómodo en el análisis, no tengo intención de abordar al hibris como síndrome sino como una forma de ejercer el poder. Si quisiera tomar algún elemento de la psicología para adaptarlo a nuestra metier diría, siguiendo a la psicología conductual, que tenemos que ver aquí las sucesivas y permanentes conductas de Cristina Fernández de Kirchner que puedan emparentarse con el hibris. Sólo me refiero a conductas públicas que pueden contrastarse con hechos y acciones concretas. Esto permite, en algún punto, tener algo de previsibilidad respecto de las acciones de gobierno, toda vez que aquella no está dada por un respeto profundo de la ley, el estado de derecho y la información pública.

Entre algunas de las características del hibris que señalan Owen y Davidson encontramos que los líderes que lo “padecen” (característica, síndrome, o como quiera llamarse):

  • Muestran una preocupación desproporcionada por la imagen y la manera de presentarse. No hay que estar con todas las luces encendidas para darse cuenta que la presidente argentina pone mucho énfasis en una esmerada producción de su imagen. A su impresionante y variado vestuario le agrega un análisis en detalle de la ocasión para la cual debe prepararse. Casi podríamos decir que lo único que aprecia del protocolo es esa posibilidad de prepararse para el evento.
  • Exhiben un celo mesiánico y exaltado en el discurso. Con una fluida oratoria, la presidente logra poner en el lugar correcto cada dato que quiere exaltar al mismo tiempo que oculta lo que no le resulta funcional. En ese discurso no hay lugar para dudas y medias tintas, todas son convicciones y congratulación por la propia capacidad para conducir los destinos del país. Considera además sus alocuciones como el canal formal de comunicación presidencial (podríamos agregar su cuenta de twitter) ya que no da conferencias de prensa, notas y en definitiva no responde preguntas de ningún tipo; de aquí también la sobreabundancia de cadenas nacionales.
  • Identifican su propio yo con la nación o la organización que conducen. Esto queda claramente expuesto cuando se descalifica a través de diversos mecanismos al que piensa diferente; entre ellos, el viejo artilugio de acusar a cualquiera de defender intereses mezquinos o extranjerizantes en contraposición al gobierno, que conduce los destinos de la patria propendiendo hacia el bien común. Hay frases de Cristina Fernández que son testimoniales respecto a este rasgo como “la gente se va a dar cuenta cuando ya sea tarde”, no asimilando su última derrota electoral; o bien, “donde haya errores, los corregiremos” no aceptando que haya gente que quiera otro modelo, otra gestión u otras personas. El Estado se fusiona con el gobierno y este con el presidente; un Luis XIV moderno.
  • Muestran una excesiva confianza en sí mismos y desprecian a los otros. Esta característica es incluso reconocida por aquellos partidarios que ven en Cristina a una gran líder incapaz de cometer errores. Por supuesto que quienes tenemos una visión más institucional y menos mesiánica de la vida política tenemos aquí un reproche más para hacer. Los escasos llamados al “diálogo” que la presidente convocó durante su primer mandato y lo que transcurre del segundo siempre tienen la característica de querer dar alguna especie de señal a la sociedad o bien son para adoctrinar a sus interlocutores sobre alguna materia; por este motivo nunca tienen un saldo positivo o superador de la situación que obliga a su convocatoria. Evidentemente muchos de los funcionarios de su gobierno son partícipes y se mimetizan con esta forma de “dialogar”. Ya son famosas las convocatorias que el Secretario de Comercio Guillermo Moreno hace al sector empresarial (y que se conoce como La Escuelita) donde imparte una serie de órdenes bajo las cuales deben esos empresarios manejar sus negocios. Si bien es tomado como un detalle de color, la autodefinición por parte de la presidente como “arquitecta egipcia”, resulta además una muestra de esa pretendida superioridad de alguien que cree saber de todo (todólogo: persona que cree saber y dominar varias especialidades, según el diccionario de la RAE).
  • Presumen que sólo pueden ser juzgados por Dios o por la historia. Esta característica está presente desde el mismo juramento que debe realizarse para ejercer distintos cargos públicos y tal vez deba ser revisada, aunque si al decir que “la patria lo demande” pensamos en la justicia y le damos instrumentos para que pueda resolver con celeridad los casos de corrupción y los de no cumplimiento de los deberes del funcionario público estaremos dando un paso importante como república. La incapacidad manifiesta del gobierno para siquiera mencionar las sospechas y denuncias de corrupción que pesan sobre funcionarios y ex funcionarios del gobierno es apabullante.
  • Pierden el contacto con la realidad. En los discursos presidenciales posteriores a la reciente elección de las PASO hay una clarísima muestra de no poder comprender que ciudadanos libres puedan elegir no continuar por el camino que ella propone. Esta característica, además de hacerle perder contacto con el votante, le dificulta aún más tomar decisiones que tiendan a resolver los problemas que aquejan al país. Aquí hay un autoengaño permanente, complementado con ineptos y aplaudidores que por falta de capacidad, carácter o por algún interés espurio no se animan a marcar errores de diagnóstico y ejecución. La contracara de esta autocomplacencia es el empecinamiento autoritario (hacerles entender), lo cual es aún más grave.
  • Se otorgan (a sí mismos) licencias morales para superar cuestiones de practicidad, costo o resultado. Ya es conocido el desapego que tuvo el peronismo desde sus orígenes para con los preceptos institucionales pero es claro que se ha exacerbado y justificado desde el mismo discurso de Cristina Fernández. Incluso algunos despistados (según mi opinión) opositores solían decir que el problema del kirchnerismo son “las formas”.

Hibris y populismo son dos caras de una misma moneda que, en cualquiera de los casos, se soluciona como más república, más democracia, más institucionalidad y más apego a la ley. No está de más repetir que jamás podría desde la Ciencia Política diagnosticar a la presidente, pero sí creo que las características que se engloban dentro del concepto de hibris sirven para explicar muchas de las cosas que nos pasaron y nos pasan bajo el kirchnerismo porque, después de todo, si ladra, tiene hocico, es peludo y mueve la cola puede que no sea un perro pero…

Massa: aspiradora y radiador

Cristina Fernández de Kirchner eligió a Sergio Massa como principal contendiente para estas elecciones y puso al intendente de Tigre en el lugar correcto del mostrador sin que él tuviera que hacer mayor esfuerzo. Según las palabras de los estrategas de la campaña kirchnerista, lo que se buscaba con esto era evitar la confusión de los propios; lo que logró fue aglutinar a los extraños.

La cadena no se le soltó a Massa en ningún momento de la campaña (sí le sucedió a su esposa Malena). Podríamos decir que, como aquel paso que mis hijos ejecutan en los cumpleaños infantiles, el intendente de Tigre logró mantenerse “bailando en su cuadrado” y bajo los términos que se había planteado (pareciéndose en algunos momentos de manera peligrosa al discurso zen de Daniel Scioli).

En el inicio de esta semana, con los resultados de las PASO ya confirmados y miras a la elección de octubre, Sergio Massa ha dado ya indicios de no querer detener lo que hace poco comenzó con su flamante Frente Renovador. Reuniones cargadas de política y peronismo van a signar su agenda. Su figura se va a transformar poco a poco en una aspiradora que recluta dirigentes desencantados con el gobierno nacional y que buscan una alternativa dentro del laxo movimiento nacional justicialista. También, a modo de radiador, se le van a pegar algunos “bichos” que poco tienen para aportarle pero que luchan por recuperar la vieja gloria. Con algunos de ellos, el intendente de Tigre tiene una relación afectiva y difícilmente pueda rechazarlos, pero seguramente buscará la forma de ponerlos en un lugar donde no pegue mucho el sol de la opinión pública.

Piraña: “Nombre común de ciertos peces carnívoros sudamericanos, pertenecientes al género Serrasalmus, con la cabeza ancha, las mandíbulas cortas y poderosas y con dientes triangulares y afilados como hojas de afeitar. Nadan en bancos y se alimentan de peces más pequeños y, a veces, de presas mayores.” Como este pez con gran capacidad de olfato y especial interés en la sangre, da la sensación que dirigentes peronistas de la talla de intendentes y gobernadores van ahora por la presa mayor (la presidente CFK), a quien ven debilitada.

No era muy difícil anticiparlo y efectivamente el oficialismo nacional, junto con los medios que hacen de propaladores de su discurso, intentó minimizar la derrota. ¿La forma que encontraron para hacerlo? Enfocarse en que a nivel nacional son la primera fuerza y que no perderán bancas en la cámara de diputados. Muy poco para una fuerza que pavoneaba su 54%. También Carlos Menem, antes de bajarse del ballottage en el 2003, era la primera minoría, pero con más de un 70% de la ciudadanía en contra, decidió bajar su candidatura y no enfrentar a Néstor Kirchner.

El problema que se le presenta a la presidente Cristina Fernández ahora es cómo mantener unida la tropa. Está claro que hay algunos políticos muy identificados con este gobierno que difícilmente puedan pegar el salto y algunos pocos que aspiran a ser electos sucesores de una mandataria imposibilitada de buscar la reelección. ¿Llamar a una consulta popular para forzar lo que la Constitución no le permite? No lo creo, en estas circunstancias sólo serviría para precipitar la pérdida de poder, normal en todo gobierno saliente.

Entre quienes quieren afirmarse como sucesores del proyecto nacional del kirchnerismo se encuentra el gobernador bonaerense Daniel Scioli. Luego de los frustrados contactos con Macri, Massa y De Narváez para conformar un frente común opositor decidió seguir en el espacio del Frente para la Victoria y se erigió así como principal impulsor de la campaña de Martín Insaurralde. No tengo dudas de que jamás el kirchnerismo va a aceptar a Scioli como candidato a presidente y por lo tanto me resulta difícil creer que él sí puede tener esa pretensión. Tal vez su objetivo en esta instancia electoral pasaba por opacar la figura del intendente de Tigre; está claro que no lo logró.

Militante de la UCD, diputado provincial por el PJ, director ejecutivo de la ANSES, intendente de Tigre, candidato testimonial del FPV, Jefe de Gabinete de ministros; todo eso y más es Sergio Massa. La red social twitter, de la cual soy usuario, hizo fuerte el #MassaesK en una especie de mantra que aleja al convencido opositor al gobierno de caer en la trampa de los espejitos de colores pero que, en mi modesto análisis, le quita objetividad para la comprensión del proceso político en ciernes. ¿Qué significa ser K en la actualidad? ¿Compartir las ideas económicas del modelo? Muchas de ellas Massa no las compartía ni cuando era funcionario. ¿Ocultar su intención de reformar la Constitución Nacional para permitirle la re-re a la presidente? Esto no condice para nada con las evidentes aspiraciones políticas del intendente de Tigre. ¿Acompañar a la presidente en su momento más impopular? No conozco ningún político suicida.

Es entendible que Francisco De Narváez tenga una estrategia de estas características puesto que, como quedó claro, compite por el mismo electorado, pero es más difícil de explicar que personas sin interés político aparente repitan esto cual verdad revelada. Creo en realidad que aquí subyace una cuestión más psicológica y sociológica que son atribuibles al argentino medio: no querer pasar por ingenuo. Pasa en la vida cotidiana que vemos cómo las teorías conspirativas son mucho más aceptadas que un sesudo razonamiento sobre las motivaciones de una acción. Quizá deberíamos hacer un examen de conciencia para ver este rasgo de orgullo que todos tenemos en mayor o menor medida y tal vez así podamos entender un poco mejor la política argentina de la actualidad.

Hay que dejar de militar por dos años

Uno de los aspectos que más destaca la presidente Cristina Fernández de Kirchner como favorable de la gestión que comenzó su esposo es la recuperación de la militancia política (en el ámbito del kirchnerismo por supuesto). Si bien está claro que no es un tema que surja con esta corriente política sino que es de larga data aquí y en el mundo, sí ha habido una revalorización y una resignificación del concepto, sobre todo en el ámbito de la juventud.

Me parece que es momento de cuestionar si realmente es tan valiosa esa militancia. Se han hecho críticas circunstanciales sobre la misma sin meterse con el fondo de la cuestión; incluso muchos opositores valoran este cambio dado en el período kirchnerista donde “se ha puesto a la política nuevamente en el centro de la escena”.

Está claro que nadie puede estar en contra de que haya personas que tengan interés por los asuntos públicos y que en base a ese interés desarrollen una militancia que los acerque a una u otra organización política, pero no creo que eso sea lo que el kirchnerismo entiende por militancia. Más allá de la definición que le hayan dado, sí podemos decir que los K han sido eficaces en la organización de la misma. Haciendo base en La Cámpora, cuyos líderes tienen altos cargos de gobierno o de parentesco, han logrado filtrar miembros de esta organización en todas las instancias político-institucionales del país. Sin dudas que este posicionamiento es un negocio ampliamente favorable para ambos lados del mostrador. Del lado de los militantes de base, les resultó importante adquirir una identificación a un grupo, algo que siempre es relevante para los jóvenes; y si encima a eso le suman cargos públicos, posibilidad de ascenso económico y desarrollo “profesional” (en el amplio sentido de la palabra), la ecuación es completa. Del lado del jefe político, el vértice del poder (Néstor antes y ahora Cristina), este logra la fidelidad del fan.

Militante y fan serían, según el ideario nacional y popular que fogonea el kirchnerismo, dos términos contrapuestos, pero veamos que no es tan así. Tomemos por caso a la adolescente que concurre a ver a Justin Bieber y que se la pasa todo el recital gritando; es muy difícil decirle a esa niña que en ese recital el joven cantante desafinó alguna nota o pifió algún paso, porque mínimamente uno se expone a recibir un insulto (o alarido en este caso). Esto es lo que sucede con el militante político fanatizado, es imposible establecer allí una charla política con matices, un razonamiento conjunto, aunque finalmente no se coincida. En estos militantes está presente lo que bien define Margarita Stolbizer como “épica emocional” construida minuciosamente durante los diez años de régimen kirchnerista.

¿Ha ayudado el aumento de esta militancia política a mejorar la calidad democrática de nuestro país? Creo que no, más bien, todo lo contrario. El nivel de participación política que mejora la calidad de una democracia está dado por el grado de injerencia y control que los gobernados hacen de sus gobernantes; esta militancia, lo que menos hace es controlarlos. Puede idolatrarlos o maltratarlos (como pueden contar algunos dirigentes opositores que gobiernan distritos atacados por el kirchnerismo) pero nunca controlarlos. Sus acciones siempre están encaminadas a darle más opacidad, tapar, encubrir la cosa pública, en lugar de transparentarla.

Es también necesario decir que es difícil para todos, oficialistas y opositores, catalogar a un ciudadano comprometido, informado, analítico e interesado pero que no es militante; cuesta encontrarle un lugar donde “ponerlo” dentro del universo político y por lo tanto es discriminado, cuando en realidad es el único que podría lograr una mejora en la calidad de las instituciones. Es más, creo que “peticionar a las autoridades” es una acción que nuestra Constitución Nacional menciona pensando en este tipo de persona. Lo que quizá más desconcierte de este individuo, es que no aspire a un cargo público.

Efectivamente, este sector está interesado en la cosa pública pero sabe que su principal actividad está en el ámbito privado. Al mismo tiempo tiene bastante claro que las decisiones que se toman en el ámbito político influyen directa e indirectamente sobre sus actividades y por eso quiere controlar y participar aunque le resulte difícil encontrar canales para hacerlo. Uno de los canales debería ser tener bien aceitado el acceso a la información pública cuyos proyectos de ley duermen bajo los aposentos de los legisladores del oficialismo.

Hay un ejemplo cercano en el tiempo y el espacio que muestra de manera contundente esta contraposición entre calidad democrática más desarrollo y la militancia política. En Chile, desde fines de los años 60`, con el ascenso al poder de Salvador Allende en el comienzo de los 70`, su posterior derrocamiento a manos del general Augusto Pinochet y sumando todo su período de gobierno autoritario, se vivieron momentos de alta enfervorización política y activa militancia. Sin embargo, durante ese período, la sociedad chilena, politizada y dividida como nunca, vivió dos décadas de zozobra económica e institucional. Fue necesaria una vuelta de página para que el país comience a desarrollarse. Como afirma el escritor chileno Carlos Franz “…del noventa en adelante, Chile se fue despolitizando. En paralelo a su importante desarrollo económico y democrático, la mayoría se desinteresó de la política. Las ideologías que alineaban al país en bandos irreconciliables se difuminaron y entrecruzaron”.

En una inclinación masoquista que trato de mantener controlada, ayer miraba el programa de propaganda política oficialista 678 en la TV Pública, y un colega politólogo que es panelista allí decía que lo que más destacaba del proyecto K es que ahora él sabía de qué lado debía estar, ya que hay dos bandos bien diferenciados, uno absolutamente virtuoso y el otro que, por supuesto, tiene todos los defectos del cipayismo extranjerizante. Es entendible que este politólogo, como también me sucede a mi, haga de la política un aspecto central de su vida; lo que no es lógico ni saludable es pretender que para todos sea así y, mucho menos razonable, es poner en una virtual “vereda de enfrente” a quien no acompaña este proyecto.

Necesitamos una década con militancia natural (no forzada) y libertad, y no la militancia invasiva, agresiva y fomentada desde el poder político. Una década donde cada uno haga su trabajo y así colabore con el bien de todos. Una década donde el sector público deje de crecer a base de militantes en detrimento del sector privado, al cual debe dejar de ahogar. Una década, donde crezca el empleo privado, moderno, competitivo y productivo y no el empleo estatal, amateur y parasitario.

Milani es derecho y humano

El pliego de ascenso de Milani es el dolor de cabeza de la semana para la presidente Cristina Fernández de Kirchner. Como pocas veces durante su férrea conducción política tuvo que dar marcha atrás (o al menos posponer) una decisión ya tomada. Es cierto que el cuestionado general de inteligencia seguirá siendo (al menos por el momento) jefe del Ejército tal como fue designado el 3 de Julio pasado, pero la posible pérdida en la votación de su ascenso a teniente general y la segura exposición de un pasado dudoso y un presente sospechoso (y peligroso) forzaron la decisión presidencial de posponer la discusión en el Senado.

Milani reúne, casi como ningún otro, las características que seducen a la presidente para la conducción del Ejército (salvo que no es tan joven ni tan moderno): le es útil a sus fines por tener experiencia en el manejo de información de inteligencia y estar comprometido con el proyecto nacional y popular. Siendo que no sólo se le cuestiona su pasado durante la última dictadura militar sino también un formidable crecimiento de su patrimonio, tengo la sensación de que ese apoyo tiene poco de genuina compatibilidad de pensamientos.

Si tenemos en cuenta que el nivel de paranoia de Cristina Fernández es inversamente proporcional a su grado de popularidad, no es llamativo que designe como jefe del Ejército Argentino a quien sigue siendo su Director de Inteligencia, sobre todo sabiendo de su pérdida de confianza hacia el Servicio de Inteligencia (SI).

Con sendas acusaciones en La Rioja, donde Ramón Alfredo Olivera, detenido en un centro clandestino de esa provincia en 1977 sostiene que fue Milani quien lo llevó a declarar ante el juez; en Tucumán, como miembro partícipe en la represión del Operativo Independencia en 1975; y sin olvidarnos que también hay sospechas de que esté relacionado con la desaparición del soldado Alberto Ledo, quien había sido declarado desertor por parte del Ejército cuando en realidad es uno más de los desaparecidos de ese trágico período, el elegido de Cristina tiene realmente una foja complicada.

Las piruetas en las que ha incurrido el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) que conduce el asesor privilegiado de la presidente Horacio Verbitzky en las últimas semanas fueron insólitas. Luego de un primer informe que sostenía que no había ninguna prueba contra el general Milani, pasando por un artículo del Perro en Página 12 sugiriéndole a Milani que renunciara para hacerle un favor a la presidente, finalmente el CELS presentó un nuevo comunicado que paralizó el ascenso del oficial de inteligencia en el Senado. Un llamado de la presidente al jefe del bloque Miguel Angel Pichetto y al presidente de la Comisión de Acuerdos Marcelo Guinle bastó para la postergación del pliego del militar hasta después de las PASO de agosto y las elecciones generales de octubre. La excusa puesta desde el oficialismo para esta postergación es que se “politizó demasiado” esta cuestión; es decir, según la mirada presidencial, se politizó el ascenso de un general que dijo que las fuerzas armadas deben acompañar el modelo nacional propuesto por la presidente Cristina Fernández; un psicólogo a la derecha (o a la izquierda, no se).

La renuncia de Daniel Filmus a dicha comisión en plena campaña electoral indica que algunos políticos kirchneristas no quieren atar totalmente su carrera a los caprichos de Cristina. En el caso del senador porteño, tiene claro que esta tal vez sea su última oportunidad para hacer una buena performance electoral y no quedar definitivamente rezagado a un segundo plano político dentro del oficialismo y fuera de él.

Las vicisitudes de este nombramiento nos recuerdan los cuestionamientos que recibió el ex jefe de la Policía Metropolitana Jorge “El Fino” Palacios, quien estuvo preso y actualmente sigue procesado por haber ordenado escuchas ilegales contra familiares de víctimas de la AMIA, de algunos políticos, e incluso de un cuñado del propio jefe de gobierno porteño Mauricio Macri. También se le imputó un encubrimiento en la investigación del atentado a la mutual judía. Si bien este affaire fue perjudicial para la imagen del jefe de gobierno, los fusibles fueron saltando uno a uno hasta nivelar la presión que el llamado Cirogate (en alusión al espía Ciro James quien trabajaba en el Ministerio de Educación que comandaba por aquel momento Mariano Narodowski y que tenía estrecho vínculo con Palacios) ejercía sobre la política local.

Sin embargo, el kirchnerismo tiene quién lo defienda en materia de derechos humanos. Los grupos afines a la presidente no saben cómo reaccionar ante tamañas revelaciones. Tal vez el caso más emblemático sea el de la presidente de Abuelas de Plaza de Mayo Estela de Carlotto quien sostuvo que “Hemos llegado a la decisión de respetar y confiar en la decisiones de la Presidenta”. Algo así como que no tienen argumentos para respaldar a Milani pero que el apoyo a la presidente es incondicional. Esto confirmaría lo que muchos sostienen y que fue muy bien descripto en el libro de Luis Gasulla “El negocio de los derechos humanos”. En definitiva, los organismos de DD.HH. afines al gobierno están dispuestos a tragarse cualquier sapo con tal de conservar la buena sintonía que tienen con el ejecutivo nacional.

Aunque lo más grave que se sospecha de César Milani es lo que realizó durante la dictadura militar, seguramente lo más inquietante es lo que pueda llegar a hacer en el contexto actual. Hay numerosos indicios de espionaje realizados bajo su mando sobre políticos “incómodos” para el kirchnerismo como por ejemplo Daniel Scioli. Esto se suma al escándalo del Proyecto X que Gendarmería reconoció tener y utilizaba para espiar a militantes sociales y sindicales, y que resulta difícil creer que no estuviera en conocimiento de la entonces ministra Nilda Garré, quien a su vez siempre mantuvo una muy buena relación con César Milani.

Una pata del análisis también debe ser la reacción que puede haber al interior del Ejército. Está claro que va a ser una molestia silenciosa sólo exteriorizada a través de cierta falta de colaboración para con el nuevo jefe a quien se lo acusa de proporcionar información sensible para el pase a retiro de muchos colegas de armas. También se desconfía de su identificación con el proyecto nacional y popular y de su vigoroso crecimiento patrimonial en tiempos de vacas flacas para los miembros de la fuerza.

Experta en haber montado un aparato de propaganda oficial con recursos del Estado y canalizado por medios estatales y privados afines, la presidente Cristina Fernández sostuvo ayer que “No voy a aceptar el linchamiento mediático de grupos a los que no les interesan los DDHH” (¿será una autoinculpación?). Finalmente las preguntas que debemos hacernos son: ¿Estará la presidente dispuesta a seguir utilizando su capital político para preservar a César Milani? ¿Pondrá esta designación en jaque su legado en cuanto a política de derechos humanos? ¿Tan necesario para el objetivo político de la presidente es este oficial de inteligencia? Los últimos dos años de mandato de la presidente no van a ser fáciles y menos aún con estos indicios, sólo esperamos que aparezca un Snowden argentino que nos diga cuánto nos están espiando y que podamos hacer algo al respecto.