Las FARC no son un grupo de rock

el-woodstock-de-las-farc

Además de haber adelantado un festejo por un acuerdo de paz (bastante beneficioso para la guerrilla) que quedó en suspenso por el posterior rechazo ciudadano, resulta chocante que un grupo de guerrilleros sean elevados a “estrellas de rock” cuando en realidad tienen las manos manchadas de sangre de compatriotas para una lucha contra un estado democrático financiada con dinero del narcotráfico y los secuestros mientras cuentan con un profundo rechazo de la gran mayoría de los colombianos que incluye, por supuesto, a muchos de los que han votado por el sí en la reciente consulta popular.

El Woodstock de las FARC para celebrar el fin de la guerra. La Nacion

Los niños son lo mejor del fútbol (anécdotas propias)

nene-ata-el-botin

Se viralizó un hermoso video donde un niño cordobés para el partido para atarle los cordones a un chico del equipo contrario que no sabía hacerlo. (El gesto de un niño con un rival que se volvió viral. Infobae) Este hecho (que es positivo que se haya replicado) me lleva a hacer algunas reflexiones sobre el deporte que amo y los componentes que lo rodean.

Hay una frase que se repite asiduamente en el ambiente del fútbol híper profesional y es que los “jugadores son lo mejor del fútbol”. Esta definición habla más del famoso “entorno” que de los jugadores en sí mismos dado que entre los principales protagonistas de este hermoso deporte (los jugadores) hay, como en todos los ámbitos de la vida, de todo. Ese “entorno” donde habitan dirigentes, técnicos, intermediarios, representantes, “allegados”, familiares, veedores e infinidad de categorías muchas veces imposibles de definir tiene tantos truchos que enaltecen al jugador en términos relativos.

Donde no tengo dudas en que esta definición aplica cabalmente es en el fútbol infantil. Como padre de 3 varones que juegan desde hace varios años en ligas de baby fútbol y asiduo concurrente al club del que son parte puedo dar fe de esto. Hay anécdotas que lo marcan con más claridad que cualquier explicación ya que, lamentablemente, estas actitudes son la regla y no la excepción.

Unos campeonatos atrás, mi hijo mayor (actualmente de 10 años) tenía un compañero que, en los partidos, no le pasaba nunca la pelota pese a que ambos eran delanteros en el equipo. Es cierto que los chicos suelen ser bastante egoístas en este aspecto pero en este caso era tan exagerado que llamaba la atención de muchos. La duda del motivo se disipó durante un partido muy peleado en el resultado (e insólitamente “caliente” para algunos padres). El papá del nene se paró (enérgico) para gritarle a su hijo que desde ese momento recibiría $50 por cada gol convertido (al parecer había aumentado el monto del “premio” que ya le venía dando) y así todos supimos el motivo por el cual un chiquito de 8 o 9 años hacía como si no existiera quien era su amigo durante los entrenamientos.

Sabemos también que en los campeonatos de la liga más competitiva de baby fútbol (donde dieron sus primeros pasos varios futbolistas de renombre) hay un incentivo monetario para que los padres los lleven a los clubes. Este absurdo llega a tal nivel que algunos padres “retienen” a su hijo en el vestuario hasta no recibir la paga prometida, o tienen a sus hijos anotados en tantos clubes como les sea posible haciéndolos jugar varios partidos por fin de semana.

Me ha tocado presenciar en esa misma liga (que no es en la que juegan mis hijos) un partido donde un familiar insultaba al técnico por permitir que  un “cagón” (así llamaba al nene de 12 años que era compañero de equipo de su hijo, sobrino o nieto, y que muy probablemente también fuera su amigo) pateara un penal que había fallado. Fue en ese mismo partido donde noté la enorme diferencia entre los chicos que protagonizan el partido y los energúmenos que sólo van a gritar e insultar, aumentando el nivel de tremendismo por el resultado que naturalmente los chicos no sienten.

Hace algunas semanas el DT del equipo rival de mis hijos casi logra que el árbitro (un trabajo mucho más insalubre en estas categorías que en la primera división de los adultos) detuviera toda la jornada ante los permanentes reclamos e insultos que le profería. Recordemos que en estas ligas, los DT dirigen a chicos que van desde los 6 a los 13 años.

El tamaño de las canchas y alrededores que componen este particular universo del baby fútbol es tan reducido que la decadencia moral de muchos familiares y algunos técnicos queda claramente expuesta y aumenta exponencialmente de acuerdo al nivel de competitividad de la liga en cuestión.

Todos los clubes que componen este enorme universo del baby fútbol deberían ser mucho más enfáticos en fomentar y educar a las familias que los componen para crear un ambiente que sea mucho más saludable, sobre todo para los chicos, que son quienes están practicando un deporte por el que seguramente también sienten una enorme y sana pasión.