Quien se acuesta con el gobierno amanece mojado

Esta noche en el predio de Tecnópolis van a festejar el Día de la Industria alrededor de 2.000 empresarios que van a abonar $1.000 el cubierto para poder estar cerca de la presidente Cristina Fernández de Kirchner, quien se anuncia como única oradora de la velada. Allí se espera que enumere por enésima vez las políticas maravillosas que su gobierno tomó para “recuperar la industria nacional” de la decadencia en la que estaba sumergida. Este es, aunque pocas veces se cuestione su veracidad, uno de los elementos centrales del relato.

Serán de la partida, como siempre, aquellos empresarios que han entablado buenas relaciones con el gobierno nacional, que se han enriquecido con ciertas políticas o bien que temen la represalia gubernamental de no acompañar el “modelo”. Todos ellos han formado parte de ese staff de aplaudidores en los actos donde la presidente se regodea por los logros obtenidos en la materia.

Seguramente estará presente Rubén Cherñajovsky, dueño del grupo Newsan (mayor empresa ensambladora en la zona de promoción industrial de Tierra del Fuego), quien aprovecha largamente las ventajas impositivas en dicha provincia y la restricción a la competencia exterior para ensamblar productos electrónicos de tecnología añeja y venderlos a precios que doblegan los de países vecinos. Motivos para festejar no le faltan a este multimillonario empresario que emplea alrededor de 3.000 personas con un costo en exenciones impositivas para el Estado que supera los 5.000 millones de pesos anuales. ¿Alguien cree que esto es realmente beneficioso para el país? ¿No sería mejor destinar esos recursos para subsidiar a esos trabajadores hasta que encuentren un trabajo productivo? ¿No es demasiado el costo que pagamos todos los ciudadanos para satisfacer la “visión industrialista” que el Estado quiere mostrar? ¿No somos capaces de pensar que el atraso tecnológico al que someten estas medidas tiene repercusiones negativas para la competitividad de nuestro capital social?

Luego de 10 años de vanagloriarse por una exitosa política de reindustrialización del país, ¿es lógico que las trabas a las importaciones tengan que ir en aumento para subsidiar a una industria que es, a todas luces, incompetente?, ¿no es momento para que las industrias sostenidas por todos los argentinos puedan salir ya a competir o se dediquen a otra cosa?, ¿a nadie le preocupa que el régimen de compensaciones implementado por Guillermo Moreno no haya aumentado ningún producto exportable sino que, por el contrario, haya caído la exportación en los rubros más utilizados para adaptarse a esta ridícula medida?.

No será de la partida el actual titular de la UIA Héctor Méndez, quien tuvo recientemente un cruce con el ministro de economía Hernán Lorenzino, para lo cual interpuso un adecuado viaje con su familia a Roma. Quien sí estará presente es Ider Peretti, tambero de Morteros, provincia de Córdoba, titular de la Confederación General Económica (y varios cargos más en instituciones afines al gobierno), ruralista K y amigo de Guillermo Moreno. También dará el presente Yolanda Durán, titular de Cedeapsa, la cámara que agrupa a supermercados chinos más afín al gobierno y poseedora de una de las 3 tarjetas Supercard que aún no se pueden usar dado que el sistema espera desde hace meses ser implementado (las otras dos tarjetas son de Cristina Kirchner y de la subsecretaria de Defensa del Consumidor, Lucila “Pimpi” Colombo).

Tampoco estará presente José Ignacio de Mendiguren, otrora presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), y que sí tuvo gran protagonismo en la edición 2012, siendo muy cercano a la presidente argentina por aquellos tiempos. Al parecer, el hoy candidato a diputado en la lista del Frente Renovador que encabeza el intendente de Tigre Sergio Massa, se ha dado cuenta después de 10 años de gobierno que las políticas para proteger a la industria no son tan buenas como él creía. Seguramente sí sigue sosteniendo como mecanismos para ganar competitividad una “racional” protección y una progresiva devaluación del tipo de cambio, para lo cual es habitual que haga lobby. ¿Ni hablar de que el Vasco reclame en términos más generales contra la artificialidad cambiaria no?

Todas estas desacertadas medidas son a costa de maltratar con extracción de recursos y trabas a la comercialización al sector más dinámico de la economía argentina, como lo son el campo y sus derivados. Al mismo tiempo no se fomenta el amplio abanico de servicios que son en la actualidad el motor de empleo de calidad y alto valor agregado en los países desarrollados y que tienen un capital humano muy importante para desarrollarse en Argentina.

El triste ejemplo de la industria manufacturera, ampliamente utilizado para fogonear las trabas a la importación de productos importados siempre impulsadas por fundaciones de dudosa vocación empresaria y emprendedora, como por ejemplo la Fundación Protejer (supongo que lleva el nombre por las cuentas bancarias de los empresarios prebendarios que protege), es categórico. Los números aportados por el INDEC muestran que en la participación del PBI, la industria manufacturera aporta lo mismo que durante la década del 90`. Tampoco fue importante su participación durante estos años en la creación neta de empleo, como sí lo fueron los servicios y la construcción (y crecientemente desde el 2008 el sector público). Obviamente, y como era previsible, la participación de la industria manufacturera en las exportaciones tampoco aumentó en los años del kirchnerismo dado su falta de competitividad y obsolescencia.

Tiene razón la presidente cuando dice que en las reuniones con industriales no expresan quejas respecto a las políticas implementadas. También es cierto que el temor a represalias es grande, que el Secretario de Comercio aplica todo tipo de presiones sobre empresarios que se “desaliñan”, que el gobierno utiliza recursos del estado para adoctrinar a los díscolos, pero también los industriales deberán ser conscientes de que ellos han contribuido a fortalecer las políticas erradas de un gobierno autoritario. En ocasiones lo han hecho por temor, en ocasiones lo han hecho para obtener ventajas; en cualquier caso, como siempre sucede, quien se acuesta con el gobierno de turno, a la larga amanece mojado (pero muy rico en ocasiones).

Tengo la esperanza de que alguna vez podamos festejar un día de la industria competitiva, tecnológica, complementada con las áreas económicas en las cuales el país tiene capacidades relativas favorables, con los servicios que el mundo más requiere, con el agro, con el conocimiento. Esto no minimizaría en absoluto la función de las industrias y haría que sus titulares, con absoluta razonabilidad, pidan reglas claras, buen clima de negocios y confianza para invertir y competir.

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