Liberen a Willy

“Cuando advierta que para producir usted necesita obtener autorización de quienes no producen nada; (…) entonces usted podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad esta condenada” Ayn Rand. Este fragmento extraído de una frase de la escritora ruso estadounidense puede describir con exactitud el accionar del secretario de comercio interior Guillermo Moreno.

El juez Bonadío dictó este martes el procesamiento del secretario y de dos funcionarios de su cartera inculpándolos, entre otras cosas, por abuso de autoridad. En un auto de procesamiento que tiene definiciones políticas relevantes, Claudio Bonadío acusó a Moreno de aplicar multas para conseguir silencios en cuanto a estadísticas se refiere. Esto surge a raíz de la denuncia presentada por Jorge Todesca, socio de la consultora Finsoport, a la cual el secretario había aplicado una sanción por difundir, según él, datos que inducen al error a los consumidores, violando así supuestamente la ley de lealtad comercial.

Ante esta novedosa situación en la que se encuentra Moreno, un solitario Julio Alak (ministro de Justicia y Derechos Humanos) salió en defensa del funcionario acusado. Sin embargo, y a pesar de los enemigos que el secretario supo conseguir al interior del gobierno, difícilmente la presidente Cristina Fernández de Kirchner sacrifique a un soldado del modelo. Lo que debe quedar claro es que el secretario es tan sólo un símbolo de la política económica desarrollada por este gobierno; en tal caso es quien mejor representa la arbitrariedad, el voluntarismo, la informalidad y la falta de reglas claras con las cuales el kirchnerismo se ha manejado en economía. Cierto es que estos rasgos se han ido agudizando con el transcurrir del mandato pero efectivamente son propios del perfil “genético” kirchnerista.

Este modelo, una especie de mercantilismo pero sin el fomento exportador (¿conocen algo peor?), es impulsado directamente por la presidente, que tiene en Guillermo Moreno a un incansable multiplicador de fracasos, con puntos salientes en el INDEC, el control de precios, la fuga de capitales, el cepo cambiario, los Cedines, las restricciones a la importación, la destrucción de mercados como el del trigo y la carne, la Supercard, la proliferación de tipos de cambio paralelo, etc.

Ahora bien, ¿todo esto es judicializable? ¿Tenía que venir un juez federal para decir que las acciones de este personaje se dan de bruces con el estado de derecho y el funcionamiento de una democracia republicana? ¿Cómo es posible que un frente político que recién ahora ha perdido el favor de la gente sostenga durante tantos años una política comercial tan arbitraria? ¿Cambiaría algo el alejamiento de Guillermo Moreno?

El jefe del bloque Pro en la Cámara de Diputados Federico Pinedo ha brindado una buena definición sobre esta resolución del juez al decir que “en una democracia son más importantes los derechos de la gente que el poder de los funcionarios”. Moreno representa más que nadie en este gobierno el convencimiento de una casta de funcionarios que consideran su función por encima de cualquier otra; es conocido su pedido de pleitesía a sus interlocutores, generalmente empresarios.

Una de las características salientes de este funcionario son la movilidad y oralidad de las reglas que impone. Difícil es encontrar medidas dispuestas por Moreno que estén plasmadas en un papel. De hecho, su arbitrario manejo del flujo del comercio exterior, en caso de estar escrito, brindaría una irrefutable prueba a quienes ya han denunciado a la Argentina por sus prácticas comerciales ante la Organización Mundial del Comercio, dado que muchas de esas medidas se toman a espaldas de los requisitos que este organismo pide a sus miembros.

En definitiva, en economía, lo peor del voluntarismo con malos modales que ejecuta de manera “magistral” Guillermo Moreno no es precisamente esto último.

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Quien se acuesta con el gobierno amanece mojado

Esta noche en el predio de Tecnópolis van a festejar el Día de la Industria alrededor de 2.000 empresarios que van a abonar $1.000 el cubierto para poder estar cerca de la presidente Cristina Fernández de Kirchner, quien se anuncia como única oradora de la velada. Allí se espera que enumere por enésima vez las políticas maravillosas que su gobierno tomó para “recuperar la industria nacional” de la decadencia en la que estaba sumergida. Este es, aunque pocas veces se cuestione su veracidad, uno de los elementos centrales del relato.

Serán de la partida, como siempre, aquellos empresarios que han entablado buenas relaciones con el gobierno nacional, que se han enriquecido con ciertas políticas o bien que temen la represalia gubernamental de no acompañar el “modelo”. Todos ellos han formado parte de ese staff de aplaudidores en los actos donde la presidente se regodea por los logros obtenidos en la materia.

Seguramente estará presente Rubén Cherñajovsky, dueño del grupo Newsan (mayor empresa ensambladora en la zona de promoción industrial de Tierra del Fuego), quien aprovecha largamente las ventajas impositivas en dicha provincia y la restricción a la competencia exterior para ensamblar productos electrónicos de tecnología añeja y venderlos a precios que doblegan los de países vecinos. Motivos para festejar no le faltan a este multimillonario empresario que emplea alrededor de 3.000 personas con un costo en exenciones impositivas para el Estado que supera los 5.000 millones de pesos anuales. ¿Alguien cree que esto es realmente beneficioso para el país? ¿No sería mejor destinar esos recursos para subsidiar a esos trabajadores hasta que encuentren un trabajo productivo? ¿No es demasiado el costo que pagamos todos los ciudadanos para satisfacer la “visión industrialista” que el Estado quiere mostrar? ¿No somos capaces de pensar que el atraso tecnológico al que someten estas medidas tiene repercusiones negativas para la competitividad de nuestro capital social?

Luego de 10 años de vanagloriarse por una exitosa política de reindustrialización del país, ¿es lógico que las trabas a las importaciones tengan que ir en aumento para subsidiar a una industria que es, a todas luces, incompetente?, ¿no es momento para que las industrias sostenidas por todos los argentinos puedan salir ya a competir o se dediquen a otra cosa?, ¿a nadie le preocupa que el régimen de compensaciones implementado por Guillermo Moreno no haya aumentado ningún producto exportable sino que, por el contrario, haya caído la exportación en los rubros más utilizados para adaptarse a esta ridícula medida?.

No será de la partida el actual titular de la UIA Héctor Méndez, quien tuvo recientemente un cruce con el ministro de economía Hernán Lorenzino, para lo cual interpuso un adecuado viaje con su familia a Roma. Quien sí estará presente es Ider Peretti, tambero de Morteros, provincia de Córdoba, titular de la Confederación General Económica (y varios cargos más en instituciones afines al gobierno), ruralista K y amigo de Guillermo Moreno. También dará el presente Yolanda Durán, titular de Cedeapsa, la cámara que agrupa a supermercados chinos más afín al gobierno y poseedora de una de las 3 tarjetas Supercard que aún no se pueden usar dado que el sistema espera desde hace meses ser implementado (las otras dos tarjetas son de Cristina Kirchner y de la subsecretaria de Defensa del Consumidor, Lucila “Pimpi” Colombo).

Tampoco estará presente José Ignacio de Mendiguren, otrora presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), y que sí tuvo gran protagonismo en la edición 2012, siendo muy cercano a la presidente argentina por aquellos tiempos. Al parecer, el hoy candidato a diputado en la lista del Frente Renovador que encabeza el intendente de Tigre Sergio Massa, se ha dado cuenta después de 10 años de gobierno que las políticas para proteger a la industria no son tan buenas como él creía. Seguramente sí sigue sosteniendo como mecanismos para ganar competitividad una “racional” protección y una progresiva devaluación del tipo de cambio, para lo cual es habitual que haga lobby. ¿Ni hablar de que el Vasco reclame en términos más generales contra la artificialidad cambiaria no?

Todas estas desacertadas medidas son a costa de maltratar con extracción de recursos y trabas a la comercialización al sector más dinámico de la economía argentina, como lo son el campo y sus derivados. Al mismo tiempo no se fomenta el amplio abanico de servicios que son en la actualidad el motor de empleo de calidad y alto valor agregado en los países desarrollados y que tienen un capital humano muy importante para desarrollarse en Argentina.

El triste ejemplo de la industria manufacturera, ampliamente utilizado para fogonear las trabas a la importación de productos importados siempre impulsadas por fundaciones de dudosa vocación empresaria y emprendedora, como por ejemplo la Fundación Protejer (supongo que lleva el nombre por las cuentas bancarias de los empresarios prebendarios que protege), es categórico. Los números aportados por el INDEC muestran que en la participación del PBI, la industria manufacturera aporta lo mismo que durante la década del 90`. Tampoco fue importante su participación durante estos años en la creación neta de empleo, como sí lo fueron los servicios y la construcción (y crecientemente desde el 2008 el sector público). Obviamente, y como era previsible, la participación de la industria manufacturera en las exportaciones tampoco aumentó en los años del kirchnerismo dado su falta de competitividad y obsolescencia.

Tiene razón la presidente cuando dice que en las reuniones con industriales no expresan quejas respecto a las políticas implementadas. También es cierto que el temor a represalias es grande, que el Secretario de Comercio aplica todo tipo de presiones sobre empresarios que se “desaliñan”, que el gobierno utiliza recursos del estado para adoctrinar a los díscolos, pero también los industriales deberán ser conscientes de que ellos han contribuido a fortalecer las políticas erradas de un gobierno autoritario. En ocasiones lo han hecho por temor, en ocasiones lo han hecho para obtener ventajas; en cualquier caso, como siempre sucede, quien se acuesta con el gobierno de turno, a la larga amanece mojado (pero muy rico en ocasiones).

Tengo la esperanza de que alguna vez podamos festejar un día de la industria competitiva, tecnológica, complementada con las áreas económicas en las cuales el país tiene capacidades relativas favorables, con los servicios que el mundo más requiere, con el agro, con el conocimiento. Esto no minimizaría en absoluto la función de las industrias y haría que sus titulares, con absoluta razonabilidad, pidan reglas claras, buen clima de negocios y confianza para invertir y competir.

Octubre siempre estuvo cerca

Con la espuma generada por las PASO ya en baja, lo que quedó al descubierto es bien interesante y a la vez complejo de comprender. ¿Cuál es la Cristina resultante de aquella elección primaria, la combativa e irritada de los primeros discursos posteriores o la que autoriza a reconocer la inflación y la inseguridad?; ¿la que a golpe de tuits genera un conflicto diplomático con Chile o la que permite que sus funcionarios asistan a los programas de la “corpo”?; ¿la que autoriza al presidente de YPF a reconocer el grave déficit energético existente o la que se obsesiona con “el círculo rojo” mencionado por Macri?; ¿la que pone en el freezer a los militantes de La Cámpora o la que se victimiza hablando de las “balas de tinta”?. Cristina Fernández es la misma de siempre, aunque lo que sucede a su alrededor sea extremadamente volátil.

Sin dudas, los comicios de agosto generaron un impacto importante en las filas del Frente para la Victoria como también lo hicieron entre la oposición. Lo que era fácil de pronosticar está sucediendo lenta pero consistentemente: con el fuego de la chimenea kirchnerista menguando, los dirigentes peronistas se están acercando al hogar del intendente de Tigre y esto va a ayudar a consolidar el escenario negativo para el oficialismo.

En lo que a todos nos atañe, una de consecuencias directas que la elección puede traer aparejada es el riesgo de autodestrucción. En este sentido, merecen especial atención las denuncias hechas por el hiperoficialista ex piquetero Luis D`Elía acerca del intento de destitución que se estaría gestando sobre la presidente para lo cual pronostica, yendo tal vez demasiado lejos, una fecha precisa. Por supuesto que esa atención no debe estar puesta sobre las declaraciones a las cuales este personaje nos tiene acostumbrados sino porque estas ponen una señal de alerta sobre lo que una facción política acorralada e incapaz de asumir golpes puede hacer. En este sentido, creo que el sistema político argentino debe proteger a la presidente de ella misma. Analizando la teoría destituyente, cabría preguntarse, ¿para qué querría una oposición a punto de obtener una gran victoria política acelerar un proceso que natural e institucionalmente se producirá en 2 años? Una pregunta sin respuesta dentro de la fantasía kirchnerista.

Del otro lado, los cambios que introdujeron en el impuesto a las ganancias, el discurso conciliador esgrimido en algún momento por la presidente, el reconocimiento de problemas como la inseguridad y la inflación y la sorpresiva aparición de funcionarios y candidatos oficialistas en los medios del grupo Clarín puede circunscribirse en lo que Morales Solá llamó “amabilidad preelectoral”. Lo paradójico es que el INDEC no refleja la inflación real porque el gobierno mismo lo intervino a través de Guillermo Moreno en el 2007 y los parches inventados para atacar ese problema no hacen más que alimentarlo porque generan mayor desconfianza. La inseguridad es un problema percibido por todos los ciudadanos y también por los funcionarios que, en una muestra mayúscula de hipocresía, lo desdeñaban con el recurso discursivo de la “sensación de inseguridad”. Quiero decir, ambas cuestiones, fueron y son voluntariamente parte de la esencia de este gobierno, por lo cual el simple reconocimiento de la problemática no los exime de nada. Para clarificarlo más, esto no es autocrítica, es un burdo recurso para no perder más votantes de cara a las elecciones de octubre pero, lamentablemente para Cristina Fernández de Kirchner, el ciudadano se dio cuenta.

Con unas PASO que no cumplen la función para la cual supuestamente fueron creadas sino que sirven básicamente como una gran encuesta nacional, lo que han logrado es poner un impasse con algunos indicios de lo que está por venir. Como antecedentes, podemos recordar que a posteriori de las elecciones en las que la entonces primera dama (o primera ciudadana, como le gustaba que la llamen) se transforma en presidente allá por el 2007, se generó la pelea con el campo que transformó la coyuntura nacional y que trajo como consecuencia un 2009 perdidoso para el gobierno. También resultó llamativo cómo, luego de ese 54% con el cual la presidente consagra su reelección en 2011, el gobierno aplicó el cepo cambiario y otras medidas restrictivas del comercio que tanto malestar generaron en la clase media que había apoyado a esa viuda que recuperaba una economía pujante después de la crisis mundial comenzada en 2008.

No sería muy difícil reconstruir un diálogo entre los miembros del gobierno y los líderes de La Cámpora. Seguramente gira alrededor de solicitarles a los miembros de dicha agrupación juvenil una distancia prudencial hasta que pase la elección de octubre. Es lo que piden todos los candidatos peronistas del Frente para la Victoria, con Martín Insaurralde a la cabeza, y es lo que la presidente acepta a modo de estrategia electoral. Sin embargo, pasadas las elecciones, cualquiera sea el resultado, La Cámpora va a ser su principal fuente de apoyo (y quizás la única).

Siempre me encuentro en las antípodas de cualquier teoría conspirativa. Es más, creo que hay en ellas una cuota importante de vagancia intelectual de aquellos que las formulan, dado que es más fácil apelar a la incapacidad general para aceptar la reconstruida frase socrática traducida en “sólo se que nada se”, que realizar un minucioso trabajo de investigación que apenas puede brindar verdades relativas. Sin embargo, dadas las características del gobierno argentino, de su presidente, las encuestas que empiezan a marcar una notable diferencia en la provincia de Buenos Aires, el contexto internacional, las dificultades que arrastra la economía argentina y los conflictos latentes en la sucesión presidencial dentro del espacio oficialista, yo al menos, estoy listo para ajustar mi cinturón porque creo que a partir del 28 de octubre y hasta la finalización del mandato de Cristina Fernández nos espera un río demasiado revuelto.