Hibris, Nelson y Cristina

Gran revuelo causó en medios y redes sociales la editorial de Nelson Castro en su programa de TN “El Juego Limpio” donde habló de la salud de la presidente Cristina Fernández de Kirchner. En mi opinión, el Dr. Castro, aprovechando su condición de médico y cierto acceso a información sobre la salud presidencial, realizó una suerte de diagnóstico televisivo que ciertamente no corresponde a un trabajo profesional en el ejercicio de la medicina. Creo también que al comenzar hablando sobre la salud emocional de Cristina Fernández para finalizar analizando el llamado síndrome de hibris (hubris según Nelson) y concluyendo que la presidente lo padece, ha traído algo de confusión y le valió ser blanco de furibundas descalificaciones.

El 3 de Abril de este año (pueden verlo entre los archivos del blog) compartí una nota de Carlos Pagni en La Nación titulada “Cuando el poder se vuelve una patología” que trataba sobre este tema. Hibris: palabra que viene del griego y que significa desmesura, conceptualmente era asignada en la antigua Grecia como una característica que hacía que el ser humano se atreva a desafiar a las divinidades. Entendida actualmente como soberbia, este “síndrome” fue desmenuzado en un artículo del 2009 escrito por  David Owen y Jonathan Davidson para la revista  “Brain. Journal of Neurology” de la Universidad de Oxford, Gran Bretaña.

Ningún ser humano puede, por más conocimientos y diplomas que tenga, hacer un diagnóstico a la distancia acerca de un problema que aqueja a otra persona que no es su paciente. Es más, aunque crea tener los elementos para hacerlo, debe tener mucho cuidado de no estar hiriendo susceptibilidades con esa opinión. Esto es así para cualquiera de nosotros y también para el análisis de los políticos que nos gobiernan, con la salvedad de que la salud de cualquier presidente tiene que ser parte de la agenda pública dado que esta repercute sobre todos los ciudadanos. Lo que se debe exigir en ese caso es una información precisa, transparente y fidedigna de la salud presidencial. El caso del fallecido ex presidente venezolano Hugo Chávez es un ejemplo acabado de lo que NO debe hacerse. Lamentablemente, con la salud del fallecido ex presidente Néstor Kirchner y también con la de su esposa Cristina Fernández sucedió algo parecido.

Como politólogo, y para sentirme más cómodo en el análisis, no tengo intención de abordar al hibris como síndrome sino como una forma de ejercer el poder. Si quisiera tomar algún elemento de la psicología para adaptarlo a nuestra metier diría, siguiendo a la psicología conductual, que tenemos que ver aquí las sucesivas y permanentes conductas de Cristina Fernández de Kirchner que puedan emparentarse con el hibris. Sólo me refiero a conductas públicas que pueden contrastarse con hechos y acciones concretas. Esto permite, en algún punto, tener algo de previsibilidad respecto de las acciones de gobierno, toda vez que aquella no está dada por un respeto profundo de la ley, el estado de derecho y la información pública.

Entre algunas de las características del hibris que señalan Owen y Davidson encontramos que los líderes que lo “padecen” (característica, síndrome, o como quiera llamarse):

  • Muestran una preocupación desproporcionada por la imagen y la manera de presentarse. No hay que estar con todas las luces encendidas para darse cuenta que la presidente argentina pone mucho énfasis en una esmerada producción de su imagen. A su impresionante y variado vestuario le agrega un análisis en detalle de la ocasión para la cual debe prepararse. Casi podríamos decir que lo único que aprecia del protocolo es esa posibilidad de prepararse para el evento.
  • Exhiben un celo mesiánico y exaltado en el discurso. Con una fluida oratoria, la presidente logra poner en el lugar correcto cada dato que quiere exaltar al mismo tiempo que oculta lo que no le resulta funcional. En ese discurso no hay lugar para dudas y medias tintas, todas son convicciones y congratulación por la propia capacidad para conducir los destinos del país. Considera además sus alocuciones como el canal formal de comunicación presidencial (podríamos agregar su cuenta de twitter) ya que no da conferencias de prensa, notas y en definitiva no responde preguntas de ningún tipo; de aquí también la sobreabundancia de cadenas nacionales.
  • Identifican su propio yo con la nación o la organización que conducen. Esto queda claramente expuesto cuando se descalifica a través de diversos mecanismos al que piensa diferente; entre ellos, el viejo artilugio de acusar a cualquiera de defender intereses mezquinos o extranjerizantes en contraposición al gobierno, que conduce los destinos de la patria propendiendo hacia el bien común. Hay frases de Cristina Fernández que son testimoniales respecto a este rasgo como “la gente se va a dar cuenta cuando ya sea tarde”, no asimilando su última derrota electoral; o bien, “donde haya errores, los corregiremos” no aceptando que haya gente que quiera otro modelo, otra gestión u otras personas. El Estado se fusiona con el gobierno y este con el presidente; un Luis XIV moderno.
  • Muestran una excesiva confianza en sí mismos y desprecian a los otros. Esta característica es incluso reconocida por aquellos partidarios que ven en Cristina a una gran líder incapaz de cometer errores. Por supuesto que quienes tenemos una visión más institucional y menos mesiánica de la vida política tenemos aquí un reproche más para hacer. Los escasos llamados al “diálogo” que la presidente convocó durante su primer mandato y lo que transcurre del segundo siempre tienen la característica de querer dar alguna especie de señal a la sociedad o bien son para adoctrinar a sus interlocutores sobre alguna materia; por este motivo nunca tienen un saldo positivo o superador de la situación que obliga a su convocatoria. Evidentemente muchos de los funcionarios de su gobierno son partícipes y se mimetizan con esta forma de “dialogar”. Ya son famosas las convocatorias que el Secretario de Comercio Guillermo Moreno hace al sector empresarial (y que se conoce como La Escuelita) donde imparte una serie de órdenes bajo las cuales deben esos empresarios manejar sus negocios. Si bien es tomado como un detalle de color, la autodefinición por parte de la presidente como “arquitecta egipcia”, resulta además una muestra de esa pretendida superioridad de alguien que cree saber de todo (todólogo: persona que cree saber y dominar varias especialidades, según el diccionario de la RAE).
  • Presumen que sólo pueden ser juzgados por Dios o por la historia. Esta característica está presente desde el mismo juramento que debe realizarse para ejercer distintos cargos públicos y tal vez deba ser revisada, aunque si al decir que “la patria lo demande” pensamos en la justicia y le damos instrumentos para que pueda resolver con celeridad los casos de corrupción y los de no cumplimiento de los deberes del funcionario público estaremos dando un paso importante como república. La incapacidad manifiesta del gobierno para siquiera mencionar las sospechas y denuncias de corrupción que pesan sobre funcionarios y ex funcionarios del gobierno es apabullante.
  • Pierden el contacto con la realidad. En los discursos presidenciales posteriores a la reciente elección de las PASO hay una clarísima muestra de no poder comprender que ciudadanos libres puedan elegir no continuar por el camino que ella propone. Esta característica, además de hacerle perder contacto con el votante, le dificulta aún más tomar decisiones que tiendan a resolver los problemas que aquejan al país. Aquí hay un autoengaño permanente, complementado con ineptos y aplaudidores que por falta de capacidad, carácter o por algún interés espurio no se animan a marcar errores de diagnóstico y ejecución. La contracara de esta autocomplacencia es el empecinamiento autoritario (hacerles entender), lo cual es aún más grave.
  • Se otorgan (a sí mismos) licencias morales para superar cuestiones de practicidad, costo o resultado. Ya es conocido el desapego que tuvo el peronismo desde sus orígenes para con los preceptos institucionales pero es claro que se ha exacerbado y justificado desde el mismo discurso de Cristina Fernández. Incluso algunos despistados (según mi opinión) opositores solían decir que el problema del kirchnerismo son “las formas”.

Hibris y populismo son dos caras de una misma moneda que, en cualquiera de los casos, se soluciona como más república, más democracia, más institucionalidad y más apego a la ley. No está de más repetir que jamás podría desde la Ciencia Política diagnosticar a la presidente, pero sí creo que las características que se engloban dentro del concepto de hibris sirven para explicar muchas de las cosas que nos pasaron y nos pasan bajo el kirchnerismo porque, después de todo, si ladra, tiene hocico, es peludo y mueve la cola puede que no sea un perro pero…

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