Milani es derecho y humano

El pliego de ascenso de Milani es el dolor de cabeza de la semana para la presidente Cristina Fernández de Kirchner. Como pocas veces durante su férrea conducción política tuvo que dar marcha atrás (o al menos posponer) una decisión ya tomada. Es cierto que el cuestionado general de inteligencia seguirá siendo (al menos por el momento) jefe del Ejército tal como fue designado el 3 de Julio pasado, pero la posible pérdida en la votación de su ascenso a teniente general y la segura exposición de un pasado dudoso y un presente sospechoso (y peligroso) forzaron la decisión presidencial de posponer la discusión en el Senado.

Milani reúne, casi como ningún otro, las características que seducen a la presidente para la conducción del Ejército (salvo que no es tan joven ni tan moderno): le es útil a sus fines por tener experiencia en el manejo de información de inteligencia y estar comprometido con el proyecto nacional y popular. Siendo que no sólo se le cuestiona su pasado durante la última dictadura militar sino también un formidable crecimiento de su patrimonio, tengo la sensación de que ese apoyo tiene poco de genuina compatibilidad de pensamientos.

Si tenemos en cuenta que el nivel de paranoia de Cristina Fernández es inversamente proporcional a su grado de popularidad, no es llamativo que designe como jefe del Ejército Argentino a quien sigue siendo su Director de Inteligencia, sobre todo sabiendo de su pérdida de confianza hacia el Servicio de Inteligencia (SI).

Con sendas acusaciones en La Rioja, donde Ramón Alfredo Olivera, detenido en un centro clandestino de esa provincia en 1977 sostiene que fue Milani quien lo llevó a declarar ante el juez; en Tucumán, como miembro partícipe en la represión del Operativo Independencia en 1975; y sin olvidarnos que también hay sospechas de que esté relacionado con la desaparición del soldado Alberto Ledo, quien había sido declarado desertor por parte del Ejército cuando en realidad es uno más de los desaparecidos de ese trágico período, el elegido de Cristina tiene realmente una foja complicada.

Las piruetas en las que ha incurrido el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) que conduce el asesor privilegiado de la presidente Horacio Verbitzky en las últimas semanas fueron insólitas. Luego de un primer informe que sostenía que no había ninguna prueba contra el general Milani, pasando por un artículo del Perro en Página 12 sugiriéndole a Milani que renunciara para hacerle un favor a la presidente, finalmente el CELS presentó un nuevo comunicado que paralizó el ascenso del oficial de inteligencia en el Senado. Un llamado de la presidente al jefe del bloque Miguel Angel Pichetto y al presidente de la Comisión de Acuerdos Marcelo Guinle bastó para la postergación del pliego del militar hasta después de las PASO de agosto y las elecciones generales de octubre. La excusa puesta desde el oficialismo para esta postergación es que se “politizó demasiado” esta cuestión; es decir, según la mirada presidencial, se politizó el ascenso de un general que dijo que las fuerzas armadas deben acompañar el modelo nacional propuesto por la presidente Cristina Fernández; un psicólogo a la derecha (o a la izquierda, no se).

La renuncia de Daniel Filmus a dicha comisión en plena campaña electoral indica que algunos políticos kirchneristas no quieren atar totalmente su carrera a los caprichos de Cristina. En el caso del senador porteño, tiene claro que esta tal vez sea su última oportunidad para hacer una buena performance electoral y no quedar definitivamente rezagado a un segundo plano político dentro del oficialismo y fuera de él.

Las vicisitudes de este nombramiento nos recuerdan los cuestionamientos que recibió el ex jefe de la Policía Metropolitana Jorge “El Fino” Palacios, quien estuvo preso y actualmente sigue procesado por haber ordenado escuchas ilegales contra familiares de víctimas de la AMIA, de algunos políticos, e incluso de un cuñado del propio jefe de gobierno porteño Mauricio Macri. También se le imputó un encubrimiento en la investigación del atentado a la mutual judía. Si bien este affaire fue perjudicial para la imagen del jefe de gobierno, los fusibles fueron saltando uno a uno hasta nivelar la presión que el llamado Cirogate (en alusión al espía Ciro James quien trabajaba en el Ministerio de Educación que comandaba por aquel momento Mariano Narodowski y que tenía estrecho vínculo con Palacios) ejercía sobre la política local.

Sin embargo, el kirchnerismo tiene quién lo defienda en materia de derechos humanos. Los grupos afines a la presidente no saben cómo reaccionar ante tamañas revelaciones. Tal vez el caso más emblemático sea el de la presidente de Abuelas de Plaza de Mayo Estela de Carlotto quien sostuvo que “Hemos llegado a la decisión de respetar y confiar en la decisiones de la Presidenta”. Algo así como que no tienen argumentos para respaldar a Milani pero que el apoyo a la presidente es incondicional. Esto confirmaría lo que muchos sostienen y que fue muy bien descripto en el libro de Luis Gasulla “El negocio de los derechos humanos”. En definitiva, los organismos de DD.HH. afines al gobierno están dispuestos a tragarse cualquier sapo con tal de conservar la buena sintonía que tienen con el ejecutivo nacional.

Aunque lo más grave que se sospecha de César Milani es lo que realizó durante la dictadura militar, seguramente lo más inquietante es lo que pueda llegar a hacer en el contexto actual. Hay numerosos indicios de espionaje realizados bajo su mando sobre políticos “incómodos” para el kirchnerismo como por ejemplo Daniel Scioli. Esto se suma al escándalo del Proyecto X que Gendarmería reconoció tener y utilizaba para espiar a militantes sociales y sindicales, y que resulta difícil creer que no estuviera en conocimiento de la entonces ministra Nilda Garré, quien a su vez siempre mantuvo una muy buena relación con César Milani.

Una pata del análisis también debe ser la reacción que puede haber al interior del Ejército. Está claro que va a ser una molestia silenciosa sólo exteriorizada a través de cierta falta de colaboración para con el nuevo jefe a quien se lo acusa de proporcionar información sensible para el pase a retiro de muchos colegas de armas. También se desconfía de su identificación con el proyecto nacional y popular y de su vigoroso crecimiento patrimonial en tiempos de vacas flacas para los miembros de la fuerza.

Experta en haber montado un aparato de propaganda oficial con recursos del Estado y canalizado por medios estatales y privados afines, la presidente Cristina Fernández sostuvo ayer que “No voy a aceptar el linchamiento mediático de grupos a los que no les interesan los DDHH” (¿será una autoinculpación?). Finalmente las preguntas que debemos hacernos son: ¿Estará la presidente dispuesta a seguir utilizando su capital político para preservar a César Milani? ¿Pondrá esta designación en jaque su legado en cuanto a política de derechos humanos? ¿Tan necesario para el objetivo político de la presidente es este oficial de inteligencia? Los últimos dos años de mandato de la presidente no van a ser fáciles y menos aún con estos indicios, sólo esperamos que aparezca un Snowden argentino que nos diga cuánto nos están espiando y que podamos hacer algo al respecto.

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