¿Quién pone palos en la rueda?

El 29 de junio pasado, en el acto de lanzamiento de sus candidatos para las PASO de agosto y las elecciones generales de octubre realizado en el estadio Malvinas Argentinas, la presidente Cristina Fernández de Kirchner utilizó una figura que es recurrente en sus discursos. En un momento de su alocución dijo que “hay que gobernar la Argentina, no ponerle palos en la rueda”. Ante esta reiteración, se me ocurre preguntar, ¿quién realmente le pone palos en la rueda al país?

Sería bueno empezar puntualizando que quienes generan riqueza en cualquier economía capitalista son los actores privados. El sector público, en tal caso, lo que debería hacer es coordinar las fuerzas productivas y redistribuir los recursos para brindarle las mayores oportunidades posibles a todos sus habitantes. De hecho no es fácil para quienes miden el PBI relevar correctamente lo que aporta allí el sector público. Sí tiene funciones que son indelegables y que varían de acuerdo a la lente con que se mire al Estado. Al mismo tiempo el gobierno de turno puede, a través de sus políticas, influenciar y direccionar la producción de bienes y servicios que hacen los privados; y el gobierno de los Kirchner ciertamente lo ha hecho, pero con resultados nefastos.

En el índice de libertad económica de 2012, que elabora la Heritage Foundation y que se basa en el análisis de 4 pilares como son: el estado de derecho, un gobierno limitado, la eficacia reguladora (empresarial, laboral y monetaria) y la apertura de los mercados; la Argentina se encuentra en la posición número 160 sobre 177 países que pudieron ser evaluados. No hace falta indagar en estos indicadores para darse cuenta de que el gobierno nacional se jacta de hacer todo lo contrario de lo que este índice evalúa como aspectos positivos y que están fuertemente vinculados con el desarrollo de un país.

Veamos ahora cuáles son las facilidades e incentivos que se le otorgan a quien quiera emprender en la Argentina, sea este pequeño, mediano o grande, argentino o extranjero. Sabemos que tan sólo para abrir una empresa en nuestro país se debe destinar mucho tiempo, dinero y esfuerzo, como el que también se debe emplear para cumplir mensualmente con todas las obligaciones que requieren los gobiernos nacional, provincial y municipal. En este aspecto, el país no se encuentra a la vanguardia en la seducción de emprendedores (al menos de aquellos que no están acostumbrados a tener que negociar los beneficios que otorga el Estado a sus amigos). Con variaciones de acuerdo a la localidad en la que se quiera radicar la empresa, el propietario debe hacer no menos de 15 trámites para empezar a funcionar con su negocio contra los 3 que, por ejemplo, deben realizarse en Hong Kong.

Ya se probó largamente que no es buena idea combatir el capital si lo que se quiere es que un país progrese, y también sabemos que un buen clima de negocios ayuda a que se quiera invertir allí. Teniendo esto en cuenta, le pregunto Sra. Presidente si usted cree que con el discurso que apela a adoctrinar y aleccionar a países de diverso grado de desarrollo piensa que puede tentar capitales. Agreguémosle a esto que los últimos tiempos se han vuelto restrictivos para el giro de utilidades de las empresas a sus casas matrices. Quizá usted debería comprender que las empresas no son sociedades de fomento (aunque de acuerdo al monumental incremento de su patrimonio familiar parece que esto lo tiene bastante claro).

Veamos algunos casos de intervención directa de su gobierno sobre distintos mercados para observar el resultado que con esto han obtenido. Las medidas (casi siempre verbales) tomadas por su secretario de comercio, el inefable Guillermo Moreno, en el sector más dinámico de la economía (como es el campo) son un trágico ejemplo. En el año 2005 por ejemplo, la Argentina era el tercer exportador de carne vacuna del mundo mientras que en el 2012 cayó hasta el puesto número 11. Actualmente atravesamos el mismo problema en la producción de trigo que hace que estemos pensando en importar un cereal que fue emblema exportador del país. Debería darse cuenta Sra. Presidente que la principal responsable de la “sojización” del campo es usted. Si me permite, le sugiero algo: pídale al supersecretario Moreno que se quede en su casa o bien dedique esas 16 hs. diarias que dicen que trabaja para manejar su ferretería, siga pagándole el sueldo y va a ver cómo la producción y el comercio fluyen mejor.

Otro de los funcionarios sobre los que le sugiero poner la lupa es el eterno ministro de Planificación Federal Julio de Vido. La ecuación energética (como a ud. le gusta llamarla) muestra de manera dramática la forma en que un gobierno desperdicia oportunidades, desalienta la producción y la inversión para tener que finalmente importar, como lo hace actualmente, alrededor de 10 mil millones de pesos al año de combustible con la consiguiente escasez de divisas que eso genera, mientras que los mercados de la mayoría de los países de la región están inundados de dólares.

La tecnología y el conocimiento asociado a esta son hoy el motor del desarrollo y la mejora en la calidad de vida de las personas alrededor del mundo. Mientras que en EE.UU se necesita un sueldo y en Chile alrededor de cinco para tener lo que se conoce como hogar digital, en Argentina necesitamos doce sueldos. Claro está que las restricciones a la importación de productos de alta tecnología “compensado” por lo poco que se ensambla en Tierra del Fuego, son sólo negocio para los dueños de las empresas allí radicadas y un gran perjuicio para todos los argentinos, que necesitamos seguir de cerca la innovación para no quedar rezagados en un mundo cada vez más competitivo.

Tenga también en cuenta Sra. Presidente que la inflación, de la cual usted está animándose ahora a hablar (culpando a los empresarios por supuesto), tiene, aparte de su obvio componente de emisión monetaria, una directa relación con las trabas a la importación. ¿O realmente piensa que los fabricantes locales no competitivos le van a hacer caso cuando usted les pide que bajen precios mientras elimina o restringe la competencia externa? También debería fijarse lo resentido que está el aparato productivo por la dificultad de ingresar bienes de capital o productos intermedios.

Sin entrar en el terreno de la psicología, me parece que en realidad ud., mediante esa remanida frase, alude a todos aquellos sectores que quieren poner un freno a ese ímpetu de acumulación de poder que quiere dirigir todos los aspectos de la vida de quienes habitan el país y, permítame decirle, estamos en todo nuestro derecho de hacerlo.

Así como en aquel recordado discurso, el fallecido ex presidente Néstor Kirchner le preguntó al gobernador Scioli acerca de quién le ataba las manos (sin dudas no fue una buena figura la que utilizó teniendo en cuenta la persona a la cual se dirigía), debería preguntarse con franqueza quién es el que le pone palos en la rueda a su gobierno. Si se anima a hacer este examen de gestión (o de conciencia), hágalo frente a un espejo, y tal vez le sea más fácil detectar al enemigo.

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