Destino final: peronismo

Como aquella saga de James Wong que comenzó con mucho éxito en el año 2000 y que trata de la forma en que la muerte persigue sin cuartel a un grupo de personas luego de que éstas la eludieran por una visión de uno de ellos, el peronismo persigue el poder adoptando para ello diversas formas. Da la sensación de no importar cuál sea la acción emprendida, el rumbo parece finalizar siempre dentro del justicialismo.

Próximos al límite de presentación de candidaturas y con los frentes ya inscriptos, la expectativa se centra, a pesar de todo, en candidatos peronistas. El más importante de ellos, el intendente de Tigre Sergio Massa, parece decidido a poner en juego su capital político en esta elección pero con el horizonte enfocado hacia 2015. Todo parece girar en torno a esa decisión: la construcción política del Pro, el destino de De Narváez, los movimientos del sciolismo, el futuro del kirchnerismo y también del FAP y el radicalismo. Luego de 10 años de peronismo kirchnerista, la opción más fuerte pensando en un recambio también es justicialista.

Visto así, no parece ser un destino alentador para aquellos que pensamos que el ciclo de 10 años de kirchnerismo tiene un saldo ampliamente negativo y que se requiere un cambio de 180º para aprovechar los vientos de época que todavía soplan para la región y que han sido tristemente desaprovechados por Néstor y Cristina. ¿Podemos esperar ese cambio del grupo político que engendró y nutrió de dirigentes este régimen?

Todos quienes manejamos una computadora hemos escuchado alguna vez aquel mito o realidad que dice que las empresas que fabrican los antivirus son las mismas que primero los crearon y diseminaron. Cierto o no, al parecer la política ensaya las mismas recetas para eliminar aquello que engendró. Como organización política movimientista, el justicialismo alberga dentro de sí una gran cantidad de variantes que tienen en común su ambición de poder.

Es frecuente escuchar hablar de la “pata peronista” que debe tener todo frente que aspire a gobernar la Argentina. Hay que reconocer sin embargo que las fuerzas de la oposición no peronista están realizando algunos esfuerzos para poder torcer esta realidad. En la ciudad de Buenos Aires por ejemplo, distintas partidos de izquierda y centro izquierda se han puesto de acuerdo para que las PASO cumplan una función importante en la determinación de candidatos para las elecciones de octubre. En la centro derecha, el Pro, de la mano del sector que lidera Gabriela Michetti, ha hecho esfuerzos importantes para dejar en claro que la alianza con Moyano y el sector más vinculado al peronismo tradicional no era viable por cuanto el partido representa otras cosas. El mismo Mauricio Macri, con su estrategia de reclutamiento de “luminarias” de otros ámbitos, como lo son el ex árbitro Héctor Baldassi, el humorista Miguel del Sel o el referente del campo Alfredo de Angelis parece hacer un intento desesperado por no sucumbir ante la dependencia de la “pata peronista”, la cual, de todas maneras, ya forma parte de su estructura partidaria.

Hay dos posturas extremas respecto a la interpretación que se hace del kirchnerismo en su comparación con el peronismo tradicional. Por un lado están aquellos miembros de la vieja guardia, hoy enfrentados con el gobierno, que sostienen que los Kirchner han trastocado los valores tradicionales del justicialismo para llevarlos a un izquierdismo que nunca estuvo en la génesis del movimiento fundado por el general Juan Domingo Perón. Algunos de los que suscriben esta teoría, como el jefe de la CGT Hugo Moyano, fueron parte fundamental desde los inicios del gobierno kirchnerista, y han abandonado el barco en un pasado no tan lejano por cuestiones que tienen más que ver con la lucha de poder que con convicciones. Por otro lado, encontramos a aquellos que, analizando aspectos de los orígenes del peronismo o del accionar de un sector del movimiento enclavado en la década del 70`, sostienen que esto que vemos con el kirchnerismo es tan sólo una visión descarnada del peronismo original y que no es más que la continuación de aquellas prácticas en materia económica, política, social y de medios. En esta premisa, que tiende a hacer con la crítica al kirchnerismo una extensión a todo el peronismo, se deja de lado el contexto histórico. Tal vez no sea tan visible esta diferencia en lo que a medios se refiere (recomiendo leer para esto “El inventor del peronismo” de Silvia Mercado) dado que cuando lo que se tiene es una vocación hegemónica para el relato poco tiene que ver el contexto, pero sí es relevante en cuanto a los preceptos económicos. Sin pretender poner palabras en una persona ya fallecida, es bastante obvio que si el fundador del movimiento viviera, no pretendería adoptar políticas de los años 50` (tal como lo es por ejemplo el proteccionismo o estatismo exacerbados) en pleno siglo XXI. Habiendo por aquellos años, coqueteado con la idea de ser parte de una extendida corriente totalitaria, parece un sinsentido proponerlo ahora.

Otra posible analogía respecto del peronismo y los acontecimientos actuales podría estar en la idea/mito popularizada a través del cine (como en la muy buena película “Epidemia” con Dustin Hoffman) de que quien ha inoculado un virus es el mismo que debe controlarlo porque la situación se le ha ido de las manos. Con este criterio, las pasadas elecciones impulsaron a un Duhalde sin ganas ni fuerzas a presentarse como candidato presidencial para arrebatarle el poder a la viuda de su delfín político.

¿Estaremos destinados a un peronismo que, adoptando diversas caras, sea el único capaz de gobernar? ¿Será que ahora aquel movimiento forjado por el general Perón se ha dado cuenta de que este kirchnerismo está más cerca del socialismo del siglo XXI y es momento de que sea expulsado hacia el ostracismo? ¿Será que un partido pragmático como pocos se ha vuelto más ideológico en manos del kirchnerismo y por eso debe volver a sus orígenes? Yo no tengo la respuesta, pero si queremos saber qué va a hacer el peronismo con el kirchnerismo, sigamos con atención los movimientos de los intendentes del conurbano bonaerense. Al modo de la lámpara junto al sagrario que con su luz roja perpetua indica la presencia de Dios, los jefes comunales son siempre quienes detectan la presencia o no de peronismo en el gobierno y parece, por algunos movimientos de última hora, que están dejando que esa luz se apague.

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