El suicidio político de CFK

El kirchnerismo tiene una obsesión con Daniel Scioli. Creo que en muchos de los militantes de Néstor y Cristina exaspera su personalidad. Recordemos que estos militantes, entre los cuales también tenemos que contar a funcionarios, legisladores y algunos intendentes y gobernadores, han tomado un perfil similar al de sus mentores: actitud combativa, redoblar la apuesta, no dialogar nunca, ficcionar la realidad, un alto componente ideológico, un etnocentrismo flagrante y un ego exacerbado. Contra todo esto, el gobernador Scioli ha conservado un perfil ligado a la gestión (bien o mal ejecutada según quien lo analice), desideologizado, con permanentes contactos con fuerzas de la oposición, dialoguista, con respeto por las instituciones, sin enfrentamientos con la prensa y con una mirada abierta al mundo.

A todas estas diferencias que siempre existieron, y dejando al margen que el gobernador ha acompañado este proyecto político (llamarle “modelo” es un exceso de generosidad) desde sus inicios, ahora se suma su indefinición para las próximas elecciones y el perfil más combativo adoptado por sus funcionarios y políticos más cercanos. La creación de la agrupación “La Juan Domingo”, casi una burla a La Cámpora, con dirigentes que promueven desembozadamente la candidatura a presidente del ex motonauta para el 2015 y que no se someten a los lineamientos políticos de la presidente (más allá de que en su sitio web dicen apoyar el  “Proyecto Nacional y Popular que lidera Cristina Fernández de Kirchner en la Nación y Daniel Scioli en la provincia de Buenos Aires”) es un desafío mayor. Da la sensación de que el gobernador ya no va a aceptar que el armado de las listas de su provincia quede bajo exclusivo arbitrio de la presidente y esto es poco menos que pasarse al enemigo en la lógica de Cristina (oposición es una palabra demasiado light para el kirchnerismo).

Al problema “Scioli” se le ha sumado uno aún peor que se llama Sergio Massa. El político argentino con mayor porcentaje de imagen positiva es también una incógnita a develarse en las próximas horas. Quien fue jefe de gabinete de Cristina y ahora está refugiado en la intendencia de Tigre cosecha amplio consenso entre la población basado en un alto perfil de gestión (y farandulero también) y un bajísimo perfil político-ideológico. Como hábil estratega, tiene contactos con todo el arco político y es así como mantiene la incertidumbre sobre sus próximos pasos. También cuenta con cierta facilidad para cubrir sus flancos, algo que, como gobernador de una provincia compleja como ninguna, Scioli no puede hacer. Bajo estas circunstancias y contando con recursos propios suficientes, le resulta mucho más difícil al kirchnerismo la embestida contra el intendente de Tigre.

Esta situación y la posible alianza entre ambos ha puesto nerviosos a todos en el oficialismo. En primer lugar, la presidenta fue particularmente enfática en las críticas al gobernador, a quien tenía sentado al lado durante un acto el pasado 30 de Mayo en Lomas de Zamora y, sin nombrarlo, lo responsabilizó por la inseguridad, por no hacerse cargo de los problemas, por tomarla a ella por idiota y por tener protección de los medios de comunicación “corporativos”. A su mensaje se sumó el desafío “a que se defina” del senador Aníbal Fernández, el insulto del ministro Julio De Vido y la visión escatológico religiosa del presidente de la Cámara de Diputados de la Nación Julián Domínguez.

En este pánico por el que atraviesa el kirchnerismo hay motivaciones racionales y también emocionales. La presidente sabe que si no es ella quien designe a todos los candidatos que van a integrar las listas, el poder va a quedar más difuminado entre diferentes núcleos y que además el desgaste propio de la larga gestión, sumado a la imposibilidad de reelección, van a tornar dificultosa la segunda parte de su mandato (pato rengo). Sabe además que la lealtad absoluta sólo puede aspirar a obtenerla en La Cámpora; pero esta agrupación, que ha logrado extenderse rápidamente por todo el país, encuentra resistencia dentro de quienes detentan el poder territorial en cada distrito. Como en toda organización política, La Cámpora tiene miembros convencidos del proyecto y otros que están por interés, pero todos juran lealtad por su jefa política. En cambio, los intendentes y gobernadores no tienen ningún tipo de convicción política respecto al proyecto, para ellos todo se resume a dinero (aquí referido específicamente como el necesario para poder gestionar el territorio propio) y poder.

Pero qué es lo que piensa de todo esto el siempre esquivo Daniel Scioli? A falta de definiciones políticas por parte del gobernador, podemos tomarnos de algunas definiciones dadas por su esposa Karina Rabollini en el hilarante segmento de ping-pong dentro del inclasificable programa de América que conduce por la noche Santiago del Moro. Allí por ejemplo, prefirió al jefe de gobierno Mauricio Macri en oposición al senador Aníbal Fernández; optó por el presidente uruguayo, quien recordamos trató de “terca” a Cristina, en detrimento de su par venezolano Nicolás Maduro y, cuando requirieron su opinión sobre la presidente, se limitó a un lacónico y sugerente “a mi siempre me trató bien”.

¿Quién analiza toda esta situación dentro del poder nacional y cómo se deciden las acciones a ejecutar? Ya habíamos visto en una columna anterior, la manera en que se fue modificando la composición del gabinete de Cristina y cómo fue reemplazando capacidad por obediencia. Eso también fue generando una reducción del círculo que en todo gobierno toma las decisiones más importantes, sean estas de política agonal o arquitectónica. Hoy, la mayor parte de esas decisiones pasan por la congestionada cabeza de la presidente y tal vez en esto reside el embate contra ambos políticos. Claro está que, como mucho, la presidente puede aspirar a una abstención de Massa respecto a estas elecciones y a compartir el armado de las listas con Scioli, algo que parece no estar dispuesta a hacer. Pelearse con los dos políticos con mejor imagen del país y siendo ambos parte de la provincia que agrupa al 40% de los electores no parece una sabia decisión. Incluso pensando en cualquier estrategia futura para conservar el poder o alguna cuota de él, no resulta una buena elección.

Finalmente, hay aquí algunas preguntas relacionadas a estos temas cuyas respuestas no abordaré en estas líneas pero que me gustaría dejar planteadas: con casi el 70% de la gente buscando una alternativa al gobierno nacional, da la sensación que un acuerdo entre Massa, Scioli, De Narváez y Macri sería imbatible, pero es esto posible? La otra cuestión que queda flotando es lo mucho que los argentinos estamos apegados al peronismo. Tal vez sea esa sensación de que no importa la inclinación ideológica que el justicialismo del momento decida impregnarle al movimiento sino ese plus de gobernabilidad que en otros sectores queda siempre en discusión lo que siempre inclina el fiel de la balanza a su favor.

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