Un sol para Cristina

Muchas veces hemos escuchado que la función primordial del canal público es brindar a la población un servicio de calidad que los otros canales no brindan en esa búsqueda frenética que tienen de lograr rating para vender publicidad, ganar dinero y mantener a sus empleados y contratados (bastante noble no?). Esa pátina de calidad que el canal del Estado pretende es siempre un análisis subjetivo, pero sí queda claro que transmitir todos los partidos de fútbol de 1era División y la B Nacional (los derechos los tiene el Estado pero reparte entre canales amigos algunas de las transmisiones) no puede considerarse en esa sintonía. En tal caso, la calidad podrá verse en el plano deportivo que tenga cada partido lo cual está ciertamente muy mermado en el fútbol que consumimos localmente.

La argumentación utilizada para poner el fútbol en manos del Estado había sido que, como espectáculo de masas, debía llegar a todos los rincones del país sin que esto quedara sujeto al abono de un cable y mucho menos al pago de un plus por partido. Así las cosas, la presidente llegó a decir que en la etapa anterior se secuestraban los goles como en la dictadura secuestraban personas (una analogía cuando menos desubicada). Otro de los argumentos, fuertemente fogoneado por el relator y periodista Víctor Hugo Morales, era que el fútbol era un negocio brillante y que las empresas eran rapaces al firmar contratos ampliamente desfavorables para las economías de los clubes. Según aquel criterio, las recaudaciones publicitarias serían suficientes para repartirlas, multiplicar los ingresos de los clubes y al mismo tiempo dejar ganancias. A la luz de lo que recauda Fútbol para Todos y los gastos operativos que tiene, tendríamos que concluir que la empresa que tenía la concesión era casi una organización sin fines de lucro.

Con esta base argumental, el primer contrato de Fútbol para Todos, repartió entre todos los clubes (con la disciplinada intermediación de la AFA) tres veces más recursos de lo que ofrecía la firma TSC (encargada desde 1987 de las transmisiones). Es pertinente recordar que cuando la AFA rescindió el contrato con la empresa, lo primero que salió a desmentir fue que hubiera un preacuerdo con el gobierno para que las transmisiones pasaran a ser dominio del Estado. Duró poco la desmentida.

Recuerdo también cuando, sentada al lado del presidente “vitalicio” de la AFA don Julio Grondona, una exultante Cristina Fernández de Kirchner dijo que lo que dejara de ganancias Fútbol para Todos luego de que el Estado recuperara su aporte iba a ir para el deporte amateur. Con un gasto aproximado de 4.000 millones en 3 años y una recuperación mínima de ello por publicidad y comercialización en el exterior queda claro que si los deportistas amateurs hubieran esperado esa ayuda no hubieran podido seguir con sus actividades cotidianas. Tan absurdo aparece ante los ojos actuales ese anuncio que hace ver el proyecto del tren bala como algo menos arriesgado. Tal vez si el trato hubiera sido que con el excedente se iban a  abonar los sueldos de los funcionarios del gobierno quizás hubieran puesto más empeño en conseguir algún auspicio aparte de la solitaria empresa de camiones IVECO. De todos modos ya sabemos que muchos funcionarios tienen ingresos extras y no se hubieran hecho demasiado problema por la falta de pago.

Desde hace dos semanas, el horario habitual de transmisión del fútbol de las 20:30 hs. de los domingos pasó a las 21:30 hs del mismo día. Además se aseguró allí la transmisión de alguno de los dos clubes más grandes del país: River o Boca (el orden lo da mi condición de hincha de la banda). Ya habían fracasado los intentos de transformar en rating la función de “jamón del sándwich” que tiene el ultraoficialista 678. Tal vez, en otra época sin controles remoto algo más hubieran logrado.

Creo que las cosas hay que mirarlas en retrospectiva porque sino perdemos toda capacidad de asombro. En este caso pediría al lector que haga un ejercicio de memoria para recordar las discusiones que siempre giraron alrededor del canal del Estado y lo politizado o no que estuvo en cada gobierno. Ahora pensemos que este nuevo horario responde únicamente a tratar de que la gente no mire un programa de Televisión (Periodismo Para Todos de Canal 13) que está realizando denuncias que afectan a miembros del gobierno y a empresarios amigos del ex presidente Néstor Kirchner. Volvamos entonces a la pregunta inicial y veremos que lo actual es insuperable en democracia (compitiendo cabeza a cabeza con el instrumento que el canal estatal fue durante la última dictadura militar).

Los intentos por explicar este reciente cambio de horario rozan el ridículo. En tal caso, sólo aplicaría aquí responder la argumentación del vicegobernador de la provincia de Buenos Aires Gabriel Mariotto quien sostiene que el canal debe competir por el rating. Siendo esto así quedaría en contradicción la razón más esgrimida para que un Estado tenga un canal que le sea propio.

Este fin de semana, juegan River e Independiente en un partido importante para la tabla del campeonato y la del descenso. Con el equipo de Avellaneda muy complicado, podrían haberse dado los resultados para que el rojo descienda en la cancha de River misma y pasadas las doce de la noche. La decisión estaba tomada y aparecía como el único partido que podía quitarle el liderazgo en el rating del domingo por la noche a Jorge Lanata. Una reunión urgente del secretario de Seguridad Sergio Berni con la presidente desactivó tal operativo; el nuevo horario es a las 14 hs. y hubo una reprogramación del resto de los partidos que hizo enojar fuertemente al vicepresidente de San Lorenzo Marcelo Tinelli. Quedó para las 21:30 hs. el “tranquilo” Racing vs. Boca. Primó la fuerza de no aparecer como responsables ante incidentes nocturnos que era (y es) probable que sucedieran.

Como hincha de River sufrí mucho el descenso. No fui ese día a la cancha y, de haber ido, simplemente hubiera cambiado el lugar del llanto, pero no todos lo sintieron así. Hubo destrozos por doquier y ante una nueva posibilidad de descenso de un equipo considerado grande, las alarmas se encendieron entre los vecinos de Nuñez y pudieron llegar a oídos gubernamentales.

Hemos avanzado en muchos aspectos que hacen a la tolerancia en nuestra sociedad (aunque tolerancia no es una palabra que me resulte muy agradable) y es algo de lo que la presidente se vanagloria habitualmente. Lo que no hemos podido hacer es aceptar una derrota, tanto en el fútbol como en la política. ¿Estará también dispuesto el gobierno nacional a aceptar una derrota electoral luego de blandir permanentemente la bandera del 54%? Sería bueno que el mensaje sea que el mundo no se acaba porque un equipo grande descienda (aunque sea la primera vez en su historia) o porque un político tenga que dejar el gobierno en manos de un opositor.

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