La Liga de las Sombras

En la creencia compartida con el grupo liderado por el villano de la serie Batman Ra’s al Ghul de que muchas veces hay que arrasar con todo lo hecho para poder “sembrar” de nuevo, quienes actualmente acompañan a la presidente Cristina Fernández de Kirchner tienen el firme convencimiento de que es mejor ocultar pensamientos y sentimientos en pos de formar parte de un proyecto “emancipador” o bien conservar un cargo que les permite beneficios “extras”.

En este sentido, en el día de ayer la presidente tomó juramento al nuevo plantel del gabinete nacional. Un cambio de figuritas con ganadores y perdedores dentro de quienes acompañan a la presidente pero sin novedades para la gestión de los asuntos públicos, donde lo principal sigue siendo la obediencia debida y la lealtad a la figura omnipresente de Cristina.

A esta altura hay una evidencia incontrastable del gusto de la primera mandataria por la sorpresa. Al mismo tiempo, tiene una obsesión por no hacer en cambios ministeriales lo que analistas y medios consideran que va a hacer. Todos recordamos la cantidad de veces que se dio por hecho la salida del Secretario de Comercio Guillermo Moreno, quien al día de hoy conserva gran influencia y libertad de movimiento (siempre con el aval implícito de la presidente).

Entre quienes se beneficiaron con estos cambios está Arturo Puricelli, otrora enemigo de Néstor Kirchner en Santa Cruz, quien a pesar haber hecho fracasar por primera vez en 60 años el abastecimiento de las bases argentinas en la Antártida y de aquellos 80 días en que la fragata Libertad estuvo varada en Ghana por el recurso judicial interpuesto por los fondos buitres, fue ascendido a una cartera de mayor trascendencia en la actualidad como es la de Seguridad, aunque tenga que lidiar allí con un secretario como Sergio Berni que goza de amplias facultades y del favor presidencial.

Entre los perdedores está el diputado Agustín Rossi, quien anhelaba tener el visto bueno presidencial para poder renovar su banca, pero que va a ceder ese lugar a la mejor posicionada electoralmente (y enemiga interna provincial) María Eugenia Bielsa. Para comprender este cambio, no debemos olvidar lo difícil que se presentan a prima facie las elecciones de Octubre próximo para el oficialismo en los grandes centros urbanos. Sin candidatos ganadores en Córdoba, la C.A.B.A. y la provincia de Buenos Aires, no puede darse el lujo de descartar a su mejor candidata en la provincia de Santa Fe.

La otra perdedora es, al menos en términos de posicionamiento político, la ministra Nilda Garré quien deja una cartera importante, pero que estaba a las sombras del omnipresente Berni, para trasladarse a la hermosa ciudad de Washington a ser embajadora ante la OEA, organismo al que la Argentina durante la gestión del kirchnerismo le ha prestado nula importancia.

Al margen de cuestiones que sólo hacen al reacomodamiento político al interior del partido gobernante, lo que ha habido a la largo de estos 10 años fue una pauperización en el nivel de ministros, secretarios y funcionarios en general que pasaron por el ejecutivo nacional.

Repasando un poco este proceso podemos ver que el primer reemplazo fuerte en el kirchnerismo se produjo cuando un presionado Gustavo Beliz renunció a un año de asumir el cargo de Ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos luego de “deschavar” actividades de miembros de la SIDE. Beliz venía de haber sido Ministro del Interior del gobierno de Carlos Menem, había fundado su propio partido (Nueva Dirigencia) y eran reconocidos sus intentos por transparentar la gestión. Fue reemplazado por Horacio Rosatti, un Doctor en Ciencias Jurídicas y Sociales con experiencia en gestión local pero sin ningún peso político propio.

En el año 2005 se produjo el reemplazo como Ministro de Economía de Roberto Lavagna, quien había logrado cierto reconocimiento por la estabilización de la economía durante el gobierno interino de Eduardo Duhalde  y los comienzos del de Néstor Kirchner. Su mala relación con el entonces amigo del gobierno Hugo Moyano y su autonomía para conducir ciertas cuestiones económicas lo expulsaron del cargo para darle lugar a una Felisa Miceli que formaba parte de los colaboradores de Lavagna pero que carecía de carrera política o académica para poder imponer algún tipo de criterio propio.

El 2008, año signado por la crisis con el campo, generó movimientos bruscos en el gabinete. Un Martín Lousteau desgastado por haber traído la idea de las retenciones móviles y su imprevisión respecto de lo que podía generar en el sector del campo aquella medida debió irse de la cartera económica tras poco más de 4 meses de una convulsionada gestión y fue reemplazado por Carlos Fernández. De todos modos, su independencia de criterio respecto de ciertas cuestiones que no coincidían con la visión de Néstor Kirchner también lo colocaron en una posición incómoda al interior del gobierno.

Meses después, quien abandonó el gobierno fue el entonces Jefe de Gabinete Alberto Fernández, integrante de la mesa chica del kirchnerismo durante largos años y cristinista de la primera hora que con el tiempo se convirtió en un crítico feroz. Fue reemplazado por el joven Sergio Massa, el político con mejor imagen en la actualidad, quien intentó imprimirle al gobierno una dinámica más dialoguista y prometió cambios que a todas luces eran necesarios, como la normalización del INDEC,  pero que no pudo llevar adelante. Al mismo tiempo, se negó a ser candidato testimonial y eso firmó su eyección del gobierno en otra muestra más de que la independencia de criterio en el kirchnerismo se castiga severamente. En julio de 2009 retomó sus funciones como intendente de Tigre desde donde planea su futuro político que resulta más que prometedor en términos electorales.

En 2009 también se produjo la salida del Ministerio de Salud de Graciela Ocaña, quien había confiado en la voluntad presidencial de transparentar un área donde circulaban contratos que destilaban corrupción por dónde se mirara. Allí se enfrentó fuertemente a los sindicatos que estaban en ese momento en estrecha vinculación con el gobierno y con empresas prestatarias que también estaban abrigadas por el poder nacional.

En 2010, luego de un conflicto donde también intervino la justicia, Martín Redrado dejó la presidencia del Banco Central tras haberse negado a habilitar las reservas para la creación del Fondo del Bicentenario. Luego de su renuncia/destitución había rumores de que sería reemplazado por un bien conceptuado Mario Blejer pero finalmente se optó por nombrar para ese cargo, que ahora está absolutamente subordinado al humor presidencial, a una persona ampliamente identificada con el proyecto de Cristina y con mucho menos rodaje profesional como Mercedes Marcó del Pont.

Es muy difícil encontrar luces en el gabinete actual con lo importante que esto  sería para una gestión eficiente de gobierno. En términos generales, la idoneidad es inversamente proporcional a la obsecuencia, y esto es lo que fue ocurriendo y modificándose a lo largo de los 10 años de kirchnerismo. Tampoco creo que es correcto analíticamente trazar grandes diferencias entre el kirchnerismo (nestorismo sería más exacto) y el cristinismo dado que constituyen solamente estadíos de un mismo proceso político. Sí podemos decir que en ese período hubo dos tipos de deterioro concomitantes; por un lado de aquellos que contando con cierto conocimiento, prestigio o voluntad en el área en la cual se desarrollaban dieron paso y lugar a personas sin ninguno de estos atributos y por otro lado, la transformación de ciertos funcionarios con cierto poder decisorio a simples soldados de la causa, incapaces siquiera de llevar una mala noticia al despacho presidencial para no alterar el humor de Cristina Fernández. Ahora las críticas y los malos augurios los reservan para un “off the record” con algún periodista que les inspire cierta confianza.

No debemos tampoco obviar en el análisis la obsesión de la presidente por evitar traiciones. Aquellos funcionarios que podrían tener vida en otro sector político cuando el oficialismo caiga en desgracia son potenciales enemigos y como tales sometidos al más estricto rigor. También cabe mencionar, como lo escribe Carlos Pagni en La Nacion, que no se busca una administración responsable sino una gesta.

En definitiva y más allá de los matices, sería positivo evitar caer en la trampa del sector conocido como las “viudas del kirchnerismo” que intenta trazar una absurda antítesis entre Néstor y Cristina. Se ve lógico en ellos que, ante un cúmulo de problemas que el gobierno arrastra, quieran hacer esa diferenciación pero me parece que no es que la presidente desperdicie todo lo que Néstor construyó, sino que en realidad continúa su obra pero con menores recursos. Obediencia, obsecuencia y degradación es lo que siempre necesitaron de sus funcionarios. La evolución en la construcción del propio poder y los avatares de la realidad política y económica son los que le dieron diferentes matices.

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