Elecciones 2013: un aquelarre imprevisible

Imagen Con las elecciones PASO a la vuelta de la esquina no son pocos los desafíos que se le presentan a la oposición. Al margen de las dificultades propias del arco opositor, se le suman los obstáculos que, puntillosamente y sin interrupción, le coloca el oficialismo en el camino. La última de ellas tiene que ver con la expresa prohibición para presentar una lista conjunta de candidatos por parte de distintos partidos para el Consejo de la Magistratura, unida a la obligación de tener representación en 18 distritos para poder presentar estos candidatos. Dada esta particularidad, tan sólo el PJ, la UCR y el PRO podrían presentar consejeros.

 

Suelen repetir varios miembros de la oposición que sin 2013 no hay 2015. La principal razón de esta afirmación radica en frenar los intentos re-reeleccionistas de Cristina Fernández de Kirchner ya verbalizados por algunos de sus más conspicuos colaboradores. Para que esto pueda darse, el kirchnerismo necesita mayor cantidad de votos que los obtenidos en las elecciones del 2011, cuando obtuvo la fenomenal cifra de 54%, que a su vez le permitan obtener mayorías especiales y así poder reformar la Constitución Nacional. De acuerdo al clima de descontento social creciente y al lógico desgaste de una gestión que además ya perdió la empatía del luto por la muerte del ex presidente Néstor Kirchner, lograr esto parece imposible. Sin embargo, dadas las características del kirchnerismo es lógico que la oposición no pueda conservar la calma esperando la aparentemente lógica evolución de los resultados. El reciente paquete de leyes prontas a ser aprobadas en su totalidad y que otorgan un amplio poder al Ejecutivo sobre el poder Judicial ponen un alerta máximo teniendo en cuenta que de acá al 2015 el Ejecutivo está en manos del kirchnerismo y que puede, con la excusa de lo provisorio, tomar decisiones que afecten seriamente la independencia judicial y que modifiquen (aún más) la composición de medios de comunicación en la Argentina.

 

Si uno usara lógica pura, tendría que suponer un escenario electoral con tres bloques bien diferenciados: el kirchnerismo abroquelado en el férreo liderazgo de la presidente, el segundo bloque constituido por el Pro-Peronismo Federal o disidente (centro derecha o conservador), y un tercer bloque con la UCR y el FAP (centro izquierda o progresismo). A grandes razgos podemos decir que la diferencia entre el kirchnerismo y el segundo bloque está en el fondo de las políticas mientras que entre el kirchnerismo y el tercer bloque, las diferencias pasan más por las formas. Tomando un poco de ambas diferencias es que, cada tanto, surgen intentos de conformar un bloque opositor homogéneo que, a mi criterio, es imposible salvo bajo circunstancias que pongan a la República en peligro de transformarse en otra cosa y que, al mismo tiempo, sean visualizadas de esta manera por todo el mosaico opositor, cosa que hasta ahora no sucede.

 

Las luchas intestinas que en esas mismas conformaciones existen o van camino a declararse con el correr de los acontecimientos son una dificultad extra. La difícil convivencia entre Lavagna y Moyano, los reproches mutuos entre Macri y De Narváez, las acusaciones frecuentes de Elisa Carrió a sus, hasta hace poco, compañeros de ruta, son sólo ejemplos de una convivencia difícil.

 

Tantas son las variables que afectan a la oposición en su conformación que tampoco podemos dejar de lado la opción (que deberá develarse en los próximos días) de que las elecciones PASO no se realicen y, por tanto esa instancia, que podría servir como preliminar para en Octubre inclinar voluntades hacia uno u otro lado del espectro, no esté. El motivo de esta posible suspensión por parte del gobierno nacional sería que la justicia frene la aplicación de la nueva ley que regula la composición del Consejo de la Magistratura y así esta instancia perdería lo único que al gobierno le interesa.

 

Lo que empioja más el panorama electoral son aquellos actores, principalmente Scioli y Massa, que si bien no han roto con el kirchnerismo, este sector no los considera propios y jamás pondría su supervivencia en sus manos. ¿Qué harán en estas elecciones? Massa, el político con mejor imagen pública, ¿seguirá guardándose para dar el zarpazo en las elecciones del 2015 o se jugará ahora por fuera del oficialismo? ¿Scioli aceptará mansamente como ha hecho en otras oportunidades que le conformen las listas a legisladores o dará finalmente el portazo? Da la sensación de que la mayoría de los miembros del peronismo disidente darían el salto junto con ellos pero, ¿está el Pro de Mauricio Macri dispuesto a hacer lo propio y aliarse al sector que ha venido apoyando el modelo kirchnerista? ¿Puede todo esto dirmirse antes de las elecciones de Agosto? Demasiadas preguntas para tan pocos meses.

 

Desde el lado del oficialismo las cosas tampoco están fáciles. El liderazgo no tiene, por supuesto, ningún tipo de cuestionamiento pero la re-reelección es, por ahora, una utopía. Así las cosas, ¿qué sucede con este sector tan identificado con una forma de concebir la política y que se ha mimetizado hasta las entrañas con un ciclo político? Como todo liderazgo fuerte, carece de figuras que hayan crecido a la par y por lo tanto es difícil el reemplazo. Incluso pensando en las legislativas se ha desfigurado la figura de una incondicional como Alicia Kirchner (en gran parte producto de su actuación durante las inundaciones en el conurbano bonaerense). ¿Quién puede ser su reemplazo para un distrito clave como la provincia de Buenos Aires? ¿Volverá el engendro de las candidaturas testimoniales? ¿Será de la partida la propia presidente de la Nación?

 

En estas circunstancias, está claro que la estrategia kirchnerista de, ante los problemas, huir siempre hacia adelante manteniendo la iniciativa política le ha dado resultados, pero también está claro que todos los obstáculos no se salvan atropellando y esos serán los desafíos venideros. Por el contrario, la oposición sufre exactamente lo contrario, pasividad, falta de iniciativa política, dificultades para establecer una agenda que le permita hacer acuerdos y una guerra de egos creciente que la colocan en aguas difíciles de surcar.

 

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